
Le dispararon dentro de su propia casa: sicario acabó con la vida de “El Flaco” en San Pablo
El joven de 25 años, fue atacado a quemarropa dentro de una vivienda. Alcanzó a ser trasladado con vida a la clínica Julio Méndez Barreneche, pero murió minutos después. El crimen reaviva el miedo en Santa Marta, donde el sonido de los disparos vuelve a imponerse sobre la calma.
Darwin Álvarez, “El Flaco”, estaba dentro de una casa en el barrio San Pablo cuando el sicario irrumpió. No fue un ataque al azar: el hombre armado fue directo a él. Lo tuvo de frente y disparó a quemarropa. Varias veces. Sin titubeos.
Cuando el atacante terminó, dio media vuelta, salió del inmueble y escapó en una motocicleta. Se fue como llegó: rápido, preciso, dejando atrás el cuerpo herido.
Dentro de la casa quedó “El Flaco” de 25 años, tendido, respirando con dificultad, aferrado a segundos que ya no le alcanzaban.
Los vecinos corrieron. Lo levantaron como pudieron, con las manos temblando y la urgencia atravesándoles el pecho. No había tiempo para pensar, solo para moverse. Lo subieron y lo llevaron hasta la clínica Julio Méndez Barreneche.
Allá lo recibieron de inmediato. Los médicos hicieron lo que pudieron frente a un cuerpo perforado por la violencia. Intentaron estabilizarlo, contener el daño, arrancarlo de la muerte que ya lo había alcanzado.
Pero los disparos habían sido demasiado certeros.
Minutos después de su ingreso, Darwin Álvarez murió.
El crimen ocurrió la noche del miércoles y vuelve a encender las alertas de seguridad en Santa Marta, donde en los últimos días se percibía una aparente calma.
Afuera, el barrio quedó en silencio. Un silencio incómodo, lleno de preguntas. La Policía llegó al lugar, acordonó la zona y empezó a recoger versiones. Cada testimonio es una pieza de un rompecabezas que todavía no muestra el rostro del responsable.
Los vecinos hablan de una seguridad que se desdibujó, de calles donde la violencia entra sin permiso, de casas que dejaron de ser refugio. Porque esta vez no fue en la esquina, ni en la calle, ni en la oscuridad de un callejón. Fue adentro. En un lugar donde se supone que nadie debería morir así.
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Y mientras las autoridades buscan al sicario, en el barrio queda una certeza que pesa: el gatillo, que parecía en pausa, volvió a activarse en Santa Marta. Y cobró otra vida.
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