
Le arrancaba el oro a mujeres y lo escondía en la boca: el buen vecino era tremendo atracador serial
Un hombre que llevaba una vida aparentemente tranquila en Cúcuta fue capturado tras descubrirse que era un asaltante serial de mujeres. Su método era brutal y desconcertante: arrancaba las prendas de oro y las escondía dentro de la boca para burlar a la Policía. Nadie sospechó que detrás del “buen vecino” se escondía un delincuente experimentado.
Nadie lo vio venir. Brayan Alexander Martínez Leal, conversaba con normalidad, parecía uno más del barrio. Pero detrás de esa cara de “buena gente” había un atracador frío, calculador y con un método que deja escalofríos: robaba cadenas de oro y se las metía en la boca para huir sin dejar rastro.
Alias Machado —como lo identificaron las autoridades— tenía un blanco fijo: mujeres vulnerables. Las estudiaba, las seguía y esperaba el segundo exacto para atacar. Llegaba en moto, les arrancaba la prenda del cuello y desaparecía entre las calles de Cúcuta. Cuando la Policía lo requisaba, nunca le encontraban nada. El botín viajaba escondido debajo de su lengua.
La doble cara del vecino
En su vida diaria no levantaba sospechas. Trabajaba, saludaba a los conocidos, se mostraba servicial. Muchos hoy no salen del asombro. “¿Él? No puede ser, si era hasta decente”, repiten los que compartían con él sin imaginar que vivían al lado de un hampón profesional.
Esa doble vida fue su mejor coartada durante meses. Mientras las víctimas denunciaban, él seguía caminando por las mismas calles como si nada, con la tranquilidad del que cree haber perfeccionado el crimen.
El método que lo delató
Las autoridades empezaron a notar un patrón extraño: varias mujeres relataban el mismo ataque y la misma desaparición inexplicable de las joyas. La Sijín y la Fiscalía siguieron las pistas hasta descubrir la maniobra: el ladrón ingería las prendas para que, al momento de una requisa, no aparecieran.
El truco, que parecía sacado de una película, terminó convirtiéndose en su condena. Un trabajo de seguimiento permitió interceptarlo y dejar al descubierto la modalidad con la que había burlado controles una y otra vez.
Durante la captura se recuperaron elementos robados y se confirmó lo que parecía increíble: el oro viajaba oculto en su propia boca.
La caída del mito
La noticia se supo en toda Cúcuta. Vecinos, conocidos y hasta familiares quedaron en shock. El “muchacho tranquilo” resultó ser un atracador reincidente, un depredador de mujeres que convirtió el miedo ajeno en su forma de vida.
Las autoridades lo presentaron ante un juez y destacaron el caso como ejemplo de cómo los delincuentes buscan métodos cada vez más retorcidos para evadir la justicia. Pero también como prueba de que, tarde o temprano, todos terminan cayendo.
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Hoy Machado ya no recorre las calles en moto buscando cuellos con oro. Su doble vida quedó expuesta y el truco de esconder el botín entre los dientes no le alcanzó para seguir libre. En el barrio todavía cuesta creerlo: el vecino amable era, en realidad, el ladrón de la boca de oro.
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