La vía no perdonó: tres mujeres murieron en accidentes en menos de dos días


Tres siniestros viales, tres mujeres muertas y un mismo patrón: la imprudencia y el exceso de velocidad que siguen convirtiendo las carreteras de Santa Marta en escenarios de tragedia.

La vía las mató. No fue casualidad, no fue mala suerte: fue velocidad, fue imprudencia, fue una cadena de decisiones que terminó con tres mujeres muertas en menos de 48 horas en Santa Marta.

Tres vidas apagadas en distintos puntos de la ciudad, pero con el mismo detonante: conductores que no frenaron a tiempo o nunca lo intentaron.

Las autoridades investigan los hechos y apuntan a un factor común que vuelve a repetirse: el exceso de velocidad. Mientras tanto, las familias entierran a sus mujeres y la ciudad suma otra estadística que ya dejó de ser excepcional para volverse rutina.

La primera víctima ni siquiera alcanzó a tocar el mar que tanto soñó.

Janeth Joely Mora Cardozo, de 62 años, llegó desde Bogotá con un anhelo claro: conocer el Caribe. Era un viaje esperado durante años, planeado con ilusión junto a su familia. El destino era Buritaca. El plan, bajar del bus, cruzar la carretera y encontrarse por primera vez con el mar. No llegó.

Apenas puso un pie en la Troncal del Caribe, un vehículo que venía a alta velocidad la embistió sin darle oportunidad de reaccionar. El golpe fue seco, definitivo. Murió en el acto. Su familia pasó de la emoción al horror en cuestión de segundos. El paseo terminó con su cuerpo tendido sobre el asfalto. El mar quedó al frente, intacto, pero imposible.

Cumpleaños trágico

La segunda historia ocurrió en medio de una celebración que terminó convertida en velorio.

Mailyn Pabón, de 31 años, festejaba su cumpleaños. Había compartido con su pareja y regresaban a casa en motocicleta. Era el cierre de una noche feliz. Pero en la entrada al estadio Sierra Nevada todo se rompió de frente.

Otra motocicleta se atravesó en la vía. No hubo tiempo de esquivar, no hubo margen de reacción. El choque fue violento, directo. Mailyn, que iba como parrillera, recibió el impacto completo. Su cuerpo cayó sobre la carretera. Murió ahí mismo, sin que nadie pudiera hacer algo. Horas antes celebraba un año más de vida. Horas después, su familia recibía la noticia de su muerte.

Murió cuando iba a trabajar

La tercera víctima no murió en la vía, pero la vía la condenó.

Tahina Hernández, de 45 años, fue atropellada días atrás en el sector de Mamatoco, cerca del parque Los Trupillos. Se movilizaba en un triciclo cuando una motocicleta la arrolló con violencia. El impacto la dejó gravemente herida. Fue trasladada a una clínica y durante días luchó por sobrevivir. No resistió.

Las lesiones internas terminaron por apagarle la vida. Su muerte cerró un fin de semana marcado por la tragedia y elevó a tres el número de mujeres fallecidas en siniestros viales recientes en la ciudad.

Los tres casos están en manos de las autoridades. La Policía de Tránsito adelanta investigaciones para identificar y judicializar a los responsables. Pero más allá de los procesos, lo que queda es un patrón que se repite sin control: vías donde la velocidad manda y la vida pierde.

Santa Marta no está frente a hechos aislados. Está frente a una realidad que se repite con nombres distintos y finales iguales. Mujeres que salieron a cumplir un plan, a celebrar, a trabajar o simplemente a vivir, y terminaron muertas en la carretera.

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Aquí, la imprudencia no es un error. Es una forma de matar.


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