
La muerte lo salvó del juicio por matar a una abuela y a un niño
La justicia se quedó sin culpable. El hombre señalado de matar a una mujer de 59 años y a un niño de 10 murió antes de sentarse a escuchar la sentencia que podía enviarlo décadas a la cárcel. Con su muerte, el proceso penal se extingue y el crimen del barrio Paraíso de Malambo quedará archivado como un caso sin castigo.
Fabián Quintero Ramírez, exsuboficial del Ejército y principal acusado del doble homicidio de Leski Isabel Cabrera Mármol y del menor Jan Alexander Rocha Fuentes, falleció mientras permanecía privado de la libertad. Estaba recluido en el Centro de Detención Transitorio del barrio Las Estrellas y esperaba la audiencia de alegatos de conclusión fijada para el 19 de febrero.
Ese día ya no se hablará de pruebas ni de responsabilidades. La Fiscalía solicitará la preclusión del proceso por muerte del imputado, un trámite que, aunque legal, cae como una losa sobre los familiares de las víctimas: no habrá condena, no habrá verdad judicial, no habrá cierre.
El 5 de febrero el procesado fue trasladado al Camino Universitario Adelita de Char tras presentar quebrantos de salud. Murió el martes 10. Hasta ahora no existe un informe oficial que explique qué ocurrió en esas últimas horas. El abogado de las víctimas, Javier Colina Páez, reveló que antes del traslado Quintero mostraba comportamientos alterados y que tenía pendiente una valoración psicológica que nunca se realizó.
“Decía que lo estaban persiguiendo constantemente. No dormía bien y lloraba mucho”, señalaron las autoridades.

El día que entró a matar
El expediente reconstruyó una escena brutal ocurrida el 26 de noviembre de 2024. Quintero llegó a la vivienda buscando a su expareja sentimental. No la encontró. En su lugar estaban la madre de ella y un niño de apenas 10 años.
Lo que siguió fue una ejecución. El hombre entró a la casa y disparó sin titubeos contra quienes estaban adentro. Los vecinos escucharon las detonaciones a las 11:30 de la mañana y corrieron a ayudar, pero ya era tarde.
Con la misma rapidez con la que mató, fue capturado. Habitantes del sector lo retuvieron hasta que llegó la Policía. Le encontraron un revólver calibre 38 con varios cartuchos percutidos. Desde ese momento quedó bajo custodia, enfrentando un juicio que prometía una condena ejemplar.
Un expediente que se cierra sin verdad
La ley es clara: cuando el procesado muere, la acción penal se extingue. No importa la gravedad del delito ni el dolor de los sobrevivientes. El caso termina sin absolución y sin condena, como si la justicia también hubiera fallecido junto con el acusado.
Para la familia de Leski Isabel y del pequeño Jan Alexander, el desenlace es otra forma de violencia. Esperaron meses para escuchar un fallo que nombrara al responsable y que pusiera un límite al horror.
Ahora solo queda un archivo, un arma incautada y tres tumbas.

Las autoridades siguen adelantando diligencias para determinar la causa del deceso de Quintero. Pero ninguna respuesta médica podrá llenar el vacío jurídico que deja su muerte.
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El hombre que disparó contra una abuela y un niño se fue sin enfrentar la sentencia. Y con él se fue la posibilidad de que un juez dijera, en voz alta, lo que todos ya sabían: que hubo un asesino.
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