La muerte de “Lombi” por una pedrada enfrenta dos versiones: familia denuncia crueldad; implicado dice que fue un accidente


La muerte de “Lombi”, un cachorro de un año y cinco meses, desató dolor, denuncias y versiones enfrentadas en Santa Marta: mientras sus dueños hablan de un acto violento injustificado, el señalado asegura que reaccionó en medio del pánico y que nunca quiso matarlo.

Un perro muerto de forma violenta, una familia destruida y dos versiones que no coinciden.
En el barrio Villas de Alejandría, el caso de “Lombi” divide a la comunidad: para sus dueños, fue un ataque cruel contra un animal indefenso; para el señalado, una reacción desesperada ante el miedo.

La versión de la familia: “lo mataron sin razón”

En la casa de los León Cohen el silencio pesa. Ya no son cinco perros, ahora son cuatro. Falta Lombi, el más consentido.

El cachorro, un frespuder de apenas un año y cinco meses, murió tras recibir una pedrada el pasado martes. Para la familia, no hay explicación que justifique lo ocurrido. “Era un miembro más de la familia”, dice Ciliana Cohen, quien se considera su abuela.

La voz se le quiebra mientras muestra las heridas que también le dejó el episodio.
Según su relato, todo ocurrió cuando los perros jugaban afuera de la vivienda. Al ver a un desconocido, comenzaron a ladrar y a rodearlo. Nada fuera de lo habitual, insiste.

“Es una raza indefensa. No hace daño. No sé por qué reaccionó así”, afirma.

Lo que vino después, según su versión, fue un acto de violencia: una piedra lanzada directamente contra el cachorro que terminó con su vida. Pero la tragedia no terminó ahí.

Cuando vi al perrito muerto corrí para que no huyera el agresor. Él me golpeó, me partió la boca y me afectó el pómulo. También me raspé al caer”, relata la mujer de 60 años.
Las secuelas físicas siguen visibles. Las emocionales, más profundas.

La familia ya instauró denuncias ante la Fiscalía, con dictámenes de Medicina Legal por lesiones personales. Exigen justicia.

“Que pague por lo que hizo. Mató un perrito indefenso y nos causó un gran dolor”, sentencia.

La otra versión: “fue un accidente en medio del miedo”

Al otro lado de la historia está Rubén Martínez Fonseca, de 26 años, ingeniero de sistemas, señalado como el responsable.
Su esposa, en diálogo con Entérate en Línea, ofrece una versión completamente distinta.
Dice que todo fue accidental.

Explica que su esposo tiene una discapacidad en el brazo izquierdo y sufre de ansiedad frente a los animales, sin importar su tamaño o raza. “Un ladrido le genera pánico”, asegura.
Ese día, cuenta, Rubén salió a comprar comida y fue rodeado por varios perros.

“Él creyó que lo iban a morder. Entró en desesperación y lanzó una piedra para ahuyentarlos. Lastimosamente impactó a uno y murió”, relata.

Niega que haya existido intención de hacer daño.

También rechaza la acusación de agresión contra las dueñas del perro. Según su versión, lo que hubo fue un forcejeo.

“Ellos intentaban lanzarlo hacia la quebrada. Hubo golpes de ambos lados y cayeron”, sostiene.

Insiste en que su esposo no es violento, nunca ha tenido problemas con nadie y mucho menos representa un peligro para la sociedad.

“Esto le dañó su hoja de vida. Es un buen hombre. No merece que lo juzguen así”, dice.

Consecuencias que van más allá del hecho

El caso no solo dejó un animal muerto y una familia de luto. También generó miedo y desplazamiento.

La esposa de Rubén asegura que ha recibido amenazas y ofensas, lo que la obligó a abandonar el barrio.

“Han sido días terribles. Somos personas tranquilas. No podemos creer lo que estamos viviendo”, afirma entre lágrimas.

Aun así, envía un mensaje a la familia de Lombi:

“Les pido perdón. También me duele lo que pasó. Pero mi esposo nunca quiso hacerles daño ni quitarle la vida al animal”.

La mujer dice que ellos incluso tienen dos gatos en su casa que adoran y que entienden el dolor de la familia, pero que nada fue de forma voluntaria.

Un caso abierto y dos verdades en disputa

Hoy, el caso está en manos de la Fiscalía.
De un lado, una familia que habla de crueldad y exige justicia por la muerte de un perro indefenso.

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Del otro, una pareja que insiste en que todo fue un accidente provocado por el miedo.
Dos versiones. Un mismo hecho y una comunidad que ahora debe decidir a cuál creerle.


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