
La mataron por una pelea que no era suya: Julieta cayó en la esquina donde siempre saludaba a todos
Una discusión por un alcantarillado entre dos vecinos terminó en balas y le arrebató la vida a una mujer ajena al conflicto. El disparo no buscaba su nombre, pero encontró su cuerpo y dejó a un barrio entero con rabia y sed de justicia.
Julieta del Carmen Fontalvo salió a la esquina como cualquier tarde. No iba a pelear con nadie, no estaba reclamando nada, no debía explicaciones. A las 5:15 p. m., en el barrio Sleep de Calamar, Bolívar, se escuchó el sonido de una escopeta y una bala que no tenía que ser para ella la tumbó para siempre.
La tragedia empezó con algo pequeño y viejo: problemas de alcantarillado entre dos hombres del sector. Los reclamos subieron de tono, pasaron de gritos a amenazas y de amenazas a un arma. Uno disparó, el otro corrió. En ese instante, a pocos metros, Julieta estaba parada en la calle que conocía de memoria, rodeada de vecinos que la veían a diario barrer el frente de su casa, conversar sin afanes, vivir sin enemigos.
El tiro la alcanzó de lleno. No hubo tiempo para nada. Cayó frente a todos, sin entender por qué la muerte la escogía a ella y no a los que estaban peleando. El barrio quedó mudo primero y después estalló.
La gente se fue contra la vivienda del presunto responsable, José Ignacio Monroy Guerra. Volaron piedras, insultos, objetos. La Policía tuvo que meterse para evitar otro desastre. Incautaron una escopeta calibre 12 y sacaron al hombre escoltado, mientras el nombre de Julieta empezaba a repetirse entre llanto y rabia.
Los que la conocían dicen lo mismo: era una mujer tranquila, dedicada a su familia, sin problemas con nadie. No andaba en pleitos, no debía favores, no tenía cuentas pendientes. Por eso duele más. Porque la bala no resolvió el alcantarillado, no arregló la discusión y, en cambio, dejó un hogar vacío.
Calamar amaneció triste. El episodio fue otra muestra brutal de cómo la intolerancia cobra vidas y de cómo cualquiera puede terminar en el suelo por una guerra ajena. Las autoridades investigan, prometen justicia y hablan de procedimientos, pero en el barrio Sleep lo que hay es un nombre que no debió aparecer en ningún reporte policial.
Julieta no murió por sus errores. Murió por los de otros. Y eso es lo que la comunidad no está dispuesta a tolerar.
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