La mataron esperando un domicilio: otra joven asesinada y el Atlántico suma más mujeres víctimas del sicariato


El asesinato de Landry Yepes en Baranoa confirma un patrón alarmante en el Atlántico: pistoleros llegan hasta las casas y ejecutan a mujeres jóvenes frente a sus familias. En 2026, el departamento registra una escalada de crímenes que mantiene en alerta a las autoridades y a comunidades atrapadas entre el miedo y la incertidumbre.

En el Atlántico están matando mujeres jóvenes y el patrón ya no parece casualidad. Llegan en moto, disparan sin decir una palabra y desaparecen dejando familias destrozadas y preguntas sin respuesta.

La última víctima fue Landry Yepes, asesinada la noche del jueves frente a su propia casa, en el barrio Villa Carolina del municipio de Baranoa. No estaba huyendo, ni escondida, solo esperaba un domicilio junto a su pareja cuando la muerte llegó sin aviso.

Eran las 11:40 de la noche cuando una motocicleta se acercó lentamente hasta la terraza de la vivienda. El parrillero sacó un arma de fuego, apuntó directamente y disparó. Dos balas bastaron.

Una impactó en la cabeza y otra en el pecho de la joven. Cayó de inmediato. Su pareja intentó protegerla y terminó herido en una pierna mientras los atacantes escapaban a toda velocidad. Todo ocurrió en segundos.
Disparos frente a casa

Testigos relataron que la escena fue brutal. El hombre trataba de sostener a Landry mientras su vida se apagaba frente a vecinos paralizados por el miedo. Los gritos rompieron la tranquilidad del barrio y las luces de las casas comenzaron a encenderse una tras otra.

Cuando reaccionaron, ya era tarde.

La joven murió prácticamente en el lugar.

Minutos antes planeaba una comida sencilla con su pareja. Minutos después, su cuerpo quedó tendido en la terraza mientras familiares y vecinos intentaban cubrirla con una sábana para evitar que la escena siguiera golpeando a quienes llegaban.

No era un ajuste en una esquina oscura ni una pelea callejera. Fue un ataque directo frente a su hogar.

Un patrón que se repite

El crimen de Landry Yepes no es un hecho aislado. En Baranoa y otras localidades del Atlántico se repite una misma escena: sicarios que buscan a sus víctimas hasta sus viviendas y disparan sin importar quién esté alrededor.

Solo en las últimas semanas, tres ataques sicariales han dejado víctimas mortales en esta zona.

El departamento registra en lo corrido de 2026 uno de los mayores números de asesinatos de mujeres jóvenes en la región, un fenómeno que preocupa a investigadores y comunidades que sienten que la violencia cambió de objetivo y ahora golpea directamente a los hogares.

Cada caso conmociona más que el anterior.

Hasta ahora, las autoridades no tienen un móvil definido. La Policía Judicial analiza varias hipótesis: posibles ajustes de cuentas o conflictos personales. Ninguna ha sido confirmada.

La SIJIN permanece al frente de la investigación, recolectando evidencias y tomando declaraciones en busca de pistas que permitan identificar a los responsables.

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Pero mientras avanzan las pesquisas, en Villa Carolina queda una sensación más fuerte que cualquier versión oficial: el miedo. Porque nadie sabe quién sigue.


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