
La Guajira suma dos muertos más: gatillero mató a comerciante y domiciliario frente a reconocido hotel de Uribia
El doble crimen ocurrió frente a un hotel del barrio Aipiamana. Los asesinos llegaron en moto, dispararon sin mediar palabra y escaparon. Las víctimas alcanzaron a ser llevadas a una clínica, pero murieron minutos después. La guerra por drogas y extorsión sigue sumando muertos en La Guajira.
En el departamento de La Guajira el conteo de muertos por sicariato no se detiene. No caen de a uno: los matan de a pares, como si la vida se hubiera vuelto un trámite rápido que se resuelve con un cargador de nueve milímetros. En Uribia, otro capítulo de esa guerra criminal dejó dos cuerpos tendidos y una comunidad otra vez con miedo.
El ataque ocurrió frente al hotel El Cacique, en pleno barrio Aipiamana de Uribia. Era una zona de movimiento habitual, de comercio y tránsito de motos. Allí estaban Marcos Suárez, comerciante de la etnia wayuú dedicado a la venta de carne de cerdo, y Ángel Segundo Suárez Borroso, domiciliario venezolano que se ganaba el día repartiendo pedidos. Ninguno alcanzó a correr.
Los sicarios llegaron en motocicleta. Testigos vieron a los dos sujetos sospechosos, luego escucharon los disparos uno detrás de otros sin pausa. El parrillero sacó un arma calibre 9 milímetros y descargó el proveedor contra los dos hombres. No hubo discusión. Solo plomo.
La gente que estaba cerca intentó auxiliarlos. Los subieron como pudieron y los llevaron hasta la clínica Talapuin.
Entraron con vida, pero destrozados. Minutos después los médicos confirmaron lo que ya parecía inevitable: las heridas eran demasiado graves.
La Policía habló de un ataque directo y de una acción planificada. Los asesinos huyeron sin dejar rastro y, como casi siempre, nadie vio nada con claridad. La Sijín levantó los cuerpos y los trasladó a Medicina Legal mientras se abría otra investigación que se suma a la lista de expedientes sin resolver.
Detrás del doble homicidio asoma la misma sombra de siempre: el pulso por el control de las rutas de droga y el negocio de la extorsión que se disputa a bala en la Alta Guajira. la Guajira en sus distintos municipios y corregimientos se ha convertido en un tablero donde distintos grupos imponen su ley y donde el ciudadano común queda en medio del fuego.
Marcos Suárez era conocido en el sector por su trabajo. Ángel Segundo por su bicicleta y su maleta de domicilios. Dos vidas distintas, un mismo final sobre el asfalto caliente. Sus familias ahora hacen cuentas para el entierro mientras las autoridades prometen resultados.
Pero la realidad es más cruda: en La Guajira los muertos se acumulan y el miedo se normaliza. Hoy fueron dos en Uribia. Mañana nadie se atreve a decir dónde será el próximo disparo.
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