La desesperación por el agua en San Pablo paralizó el Ziruma y desató el caos vial en Santa Marta


Habitantes de este barrio bloquearon la vía al Rodadero en plena hora pico tras varios días sin agua potable. La protesta colapsó el tránsito en el Ziruma, la avenida 30 y otros corredores clave, mientras los manifestantes exigen soluciones inmediatas.

La falta de agua potable terminó estallando en las calles. En plena hora pico, cuando miles de vehículos suben y bajan hacia El Rodadero, habitantes del barrio San Pablo cerraron completamente la vía del Ziruma como acto de protesta, desatando un colapso vial.

Con troncos, palos, ramas y elementos improvisados, los manifestantes bloquearon ambos sentidos de la vía, impidiendo el paso de carros particulares, buses, taxis y motocicletas. En cuestión de minutos, el tráfico quedó paralizado y el caos se extendió hacia la avenida 30 y otros puntos estratégicos de la ciudad, afectando a trabajadores, estudiantes, residentes y turistas que quedaron atrapados por horas.

La protesta no fue improvisada. Detrás del bloqueo hay días de inconformidad, cansancio y desesperación. Los residentes de San Pablo denuncian que llevan varios días sin recibir una sola gota de agua potable, una situación que, aseguran, volvió insostenible la vida cotidiana en el barrio.

Sin agua no se puede vivir”, repiten los habitantes, mientras explican que la escasez ha afectado la preparación de alimentos, la limpieza de las viviendas y la higiene personal. Los más golpeados, dicen, son los niños, los adultos mayores y las personas enfermas, que enfrentan mayores riesgos sanitarios en medio de la crisis.

Una protesta que desnudó la fragilidad del servicio

En San Pablo, el ambiente es de indignación. Las familias aseguran que han acudido en repetidas ocasiones a la Empresa de Servicios Públicos del Distrito, Essmar E.S.P., sin recibir respuestas claras ni fechas concretas para el restablecimiento del servicio.

Aunque las autoridades hicieron presencia en el lugar, los manifestantes se negaron a despejar la vía. Su mensaje fue claro: no se moverán hasta que haya compromisos reales y soluciones inmediatas frente a la falta de agua potable.

Mientras tanto, el impacto del bloqueo siguió creciendo. Las filas de vehículos se extendieron por varios kilómetros, obligando a desvíos forzados y generando retrasos masivos en la movilidad de la ciudad. El Ziruma, uno de los principales corredores hacia la zona turística, quedó completamente paralizado.

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Líderes comunitarios advierten que la situación se agrava en temporadas de altas temperaturas y mayor demanda, cuando la escasez se convierte en un problema de salud pública y dignidad humana.


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