La batalla no termina: esposo insiste en justicia por muerte de su esposa en curso de buceo en Santa Marta


La muerte de Judy Milena Agredo, docente y madre de una niña de 11 años, durante un minicurso de buceo en Santa Marta, abrió una batalla por justicia. Su familia asegura que fallaron los protocolos, que hubo demoras y descuidos que pudieron evitar la tragedia. La empresa señala que todo fue un accidente lamentable y que colabora con las autoridades mientras avanza la investigación.

El 6 de octubre, lo que debía ser una experiencia turística en el mar Caribe terminó convirtiéndose en el episodio más devastador para una familia que solo buscaba disfrutar unas vacaciones en Santa Marta.

Judy Milena Agredo, oriunda de Salinas, Cauca, murió durante la segunda inmersión de un minicurso de buceo contratado en Taganga. Desde entonces, su esposo, Alejandro Calambas, no ha dejado de repetir la misma frase:

“Mi esposa se pudo haber salvado”.

Estaba convencido, y aún lo está, de que no se trató de un accidente inevitable. Para él, la muerte de la docente de 43 años fue consecuencia de fallas en los protocolos, demoras críticas y una reacción insuficiente de quienes debían garantizar la seguridad de su esposa bajo el agua.

“Ella no salió y nadie actuó a tiempo”

Según el relato del esposo, recogido ante autoridades y medios nacionales, la jornada inició con normalidad. La familia recibió una breve capacitación y luego realizó la primera inmersión sin mayores contratiempos. Pero en la segunda, todo cambió.

Alejandro y su hija emergieron a la superficie, pero Judy no apareció. Él asegura que pidió al instructor que descendiera de inmediato para buscarla. La respuesta que dice haber recibido lo persigue desde entonces:

Tranquilo, Alejandro, que ella ya va a salir”.

Los minutos pasaron, cerca de veinte según su testimonio, y cuando finalmente la localizaron, ya estaba inconsciente bajo el agua. “Hubo un descuidado evidente”, dice hoy, convencido de que ese tiempo perdido fue determinante.

Reclamos por falta de elementos básicos

El esposo también denunció que fue un extranjero, y no el personal de la empresa, quien inició las maniobras de reanimación. Asegura que no había oxígeno, ni botiquín, ni máscaras; que pidió que llamaran una ambulancia y que el radio de la embarcación nunca se usó para alertar la emergencia.

Ya en la playa de Taganga, afirmó que no había personal esperando para atenderlos. Lo que sí recuerda con claridad es que —según él— el administrador se acercó primero para cobrar el servicio contratado.

Judy fue llevada a un centro asistencial, pero llegó sin signos vitales. La causa presunta: ahogamiento.

La muerte de la docente, licenciada en educación infantil, dejó no solo a un esposo buscando respuestas, sino a una niña de 11 años sin su madre.

La empresa responde: “Fue un accidente lamentable”

Barracuda Dive Center, la empresa señalada, ha rechazado públicamente que exista negligencia. Su administrador, identificado como Santiago, sostuvo que son una firma legalmente constituida, con experiencia, y que el instructivo cumplía los requisitos. Añadió que la tragedia fue un accidente que ha golpeado profundamente a todo el equipo, incluido el instructor involucrado.

También manifestaron que muchas afirmaciones hechas por la familia “no son ciertas”, aunque comprenden que puedan ser producto del dolor por la pérdida irreparable. La compañía indicó que ha estado disponible para atender los requerimientos de las autoridades y que no entregará más detalles para no interferir en la investigación ni causar una herida más profunda a los seres queridos de Agredo.

La instructora profesional consultada por ‘Séptimo Día’, Katherine Marroquín, señaló que todos los instructores deben tener entrenamiento en primeros auxilios y que los botes deben contar con oxígeno, botiquín y radio operativo. Consideró “inaceptable” que se demoraran tantos minutos en activar protocolos de emergencia.

Justicia en medio del duelo

La familia de Judy Milena insiste en que nada de lo ocurrido encaja dentro de un “accidente”. Desde octubre han emprendido un camino legal para demostrar que hubo negligencia, que los protocolos fallaron y que la reacción no estuvo a la altura de una situación de vida o muerte.

La empresa, mientras tanto, se mantiene firme en su postura: colaboran, no se pronuncian más y esperan que sean las autoridades quienes determinen responsabilidades.

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Entre tanto, en Salinas y Santa Marta quedan las preguntas sin resolver. En la memoria de su familia, Judy ya no es solo la turista que murió buceando: es la mujer que, según quienes la amaban, pudo haber regresado a casa si alguien hubiera actuado a tiempo.


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