Joven samaria admite estar atrapada por la adicción en Medellín y pide ayuda para volver a empezar


La historia salió a la luz durante un recorrido ciudadano en el centro de Medellín. La mujer, de 20 años, dejó Santa Marta años atrás persiguiendo un nuevo comienzo, pero terminó viviendo en la calle, lejos de sus hijos y luchando contra el consumo de sustancias. Hoy pide apoyo para rehabilitarse y recuperar su vida.

El futuro que imaginó terminó reducido a sobrevivir día a día en una acera. Sin estudios, sin familia cerca y atrapada por la adicción, una joven samaria de apenas 20 años reconoció públicamente que vive en condición de calle en Medellín y que necesita ayuda urgente para salir del consumo que la mantiene lejos de sus hijos y de la vida que alguna vez soñó construir.

Su historia se conoció en medio de un recorrido ciudadano realizado por el creador de contenidos conocido como ‘Rivancho’, quien documenta realidades sociales en el centro de la capital antioqueña.

Allí, frente a una cámara y sin intentar ocultar su situación, la joven habló con crudeza sobre cómo terminó viviendo en las calles.

Un sueño que quedó suspendido

Quería ser terapeuta ocupacional. Ese era el plan cuando aún vivía en Santa Marta. Sin embargo, la meta quedó congelada en el tiempo tras una cadena de decisiones marcadas por la inestabilidad, el consumo y la migración sin redes de apoyo.

Hace algunos años abandonó su ciudad natal. En Santa Marta quedaron su familia y también sus dos hijos pequeños. Aunque asegura que los niños están bien cuidados, admite que la distancia pesa y que la culpa se convirtió en una carga permanente.

Hoy, ese proyecto profesional parece lejano. La prioridad es otra: sobrevivir y encontrar la manera de dejar las sustancias.

“Vagiando y muliando”: el camino hacia la calle

Cuando le preguntaron cómo llegó a Medellín, respondió con una frase que resume el desgaste de su recorrido: llegó “vagiando y muliando”, encadenando viajes improvisados, episodios de consumo y periodos de inestabilidad que terminaron por romper cualquier intento de estabilidad.

Su relato dejó ver la realidad de muchos jóvenes que migran sin apoyo institucional ni familiar y terminan absorbidos por dinámicas de exclusión social en grandes ciudades.

La calle, explicó, no fue una decisión inmediata, sino el resultado progresivo de recaídas, falta de acompañamiento y procesos de rehabilitación que no lograron sostenerse en el tiempo.

Intentos fallidos y un nuevo pedido de ayuda

No es la primera vez que intenta rehabilitarse. Según contó, ya ha buscado ayuda en otras ocasiones, pero no logró mantenerse dentro de los tratamientos. Las recaídas terminaron devolviéndola al mismo punto.

Ahora insiste en que necesita respaldo realinstitucional y social— para iniciar un nuevo proceso que le permita reconstruir su proyecto de vida y recuperar el contacto con sus hijos.

Su petición es sencilla y directa: una oportunidad para salir del círculo de la adicción.

Historias como esta no solo hablan de una decisión individual, sino de fallas estructurales en prevención, atención en salud mental y acompañamiento social.

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Mientras tanto, en una esquina del centro de Medellín, la joven samaria sostiene una esperanza mínima pero clara: rehabilitarse, dejar la calle y regresar algún día al lado de sus hijos.


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