
Investigación científica indaga si la vacuna contra el covid-19 pudo disparar casos de cáncer
Una revisión publicada en la revista Oncotarget analizó decenas de reportes clínicos de pacientes diagnosticados con cáncer o con recaídas poco después de la vacunación contra el covid-19 o tras la infección. El estudio no concluye que exista una causa directa, pero advierte vacíos críticos de conocimiento y pide investigaciones profundas y de largo plazo.
La pregunta que durante años fue evitada ahora quedó escrita en un artículo científico: ¿pudo la vacunación contra el covid-19 detonar, acelerar o destapar casos de cáncer en algunas personas? Esa es la línea de investigación que plantea una revisión publicada a comienzos de este año en la revista Oncotarget, un trabajo que no acusa directamente a las vacunas, pero sí expone patrones clínicos que los autores consideran imposibles de ignorar.
La revisión analizó 69 publicaciones científicas divulgadas entre enero de 2020 y octubre de 2025, en las que se documentan diagnósticos de cáncer, recaídas o progresiones aceleradas de la enfermedad ocurridas poco después de la vacunación o tras haber cursado la infección por covid-19.
En total, el trabajo recopila 66 reportes clínicos, que suman 333 pacientes en 27 paises, además de estudios poblacionales de gran escala realizados en naciones como Italia y Corea del Sur. Los cánceres más frecuentemente descritos fueron linfomas y leucemias, aunque también se registraron tumores sólidos como mama, pulmón, páncreas, glioblastoma y melanoma, así como enfermedades asociadas a infecciones virales.
Patrones que activaron la alarma científica
Según el documento, el 56 % de los casos ocurrió tras la vacunación con Pfizer y el 25 % con Moderna. Los investigadores aclaran que esta distribución puede explicarse porque fueron las vacunas más aplicadas a nivel mundial, lo que incrementa su presencia en los registros clínicos.

Sin embargo, el foco del estudio no está en una marca específica, sino en la repetición de escenarios similares: aparición de cánceres no diagnosticados previamente, recaídas rápidas y reactivación de enfermedades latentes, especialmente en personas con antecedentes médicos o tumores silenciosos.
En uno de los apartes más contundentes del artículo, los autores reconocen que estos hallazgos evidencian vacíos importantes en la comprensión científica actual:
“Los hallazgos clínicos recurrentes, documentados en numerosos informes sobre la aparición de cáncer de novo, la rápida progresión tumoral, la reactivación viral y el resurgimiento de la enfermedad latente, ponen de relieve importantes lagunas en el conocimiento y la comprensión de cómo los cambios inmunitarios a gran escala producidos por la vacuna interactúan con la biología del cáncer”.
Para los investigadores, el problema no es afirmar una culpa, sino admitir que la ciencia aún no entiende del todo cómo ciertos cambios inmunológicos podrían interactuar con procesos oncológicos ya existentes.
Coincidencia no es prueba
El propio artículo insiste en marcar una línea clara para evitar interpretaciones erróneas: una asociación temporal no equivale a una relación causal. Algunos estudios de gran tamaño detectaron incrementos estadísticos en diagnósticos u hospitalizaciones por cáncer tras la vacunación, pero esos datos pueden estar influenciados por múltiples factores.
Entre ellos se mencionan la edad de los pacientes, antecedentes clínicos, controles médicos más frecuentes durante la pandemia, retrasos en diagnósticos previos y la detección tardía de casos acumulados.Los autores son enfáticos:
“La vacunación contra la COVID-19 y el cáncer requiere un nivel de evidencia que va mucho más allá de la asociación temporal. En oncología, la causalidad solo se establece cuando múltiples líneas de evidencia independientes convergen a lo largo del tiempo”.
La revisión no busca conclusiones definitivas, sino abrir una línea de investigación que, según los autores, no puede seguir siendo ignorada. El texto propone estudios longitudinales, seguimiento a largo plazo y análisis mecanicistas que permitan distinguir con claridad entre coincidencia y causalidad.
El objetivo final, señalan, es doble: garantizar la máxima seguridad de las vacunas y profundizar en la comprensión de los vínculos entre inmunidad, infección y cáncer, con miras a mejorar futuras plataformas de vacunación.
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