“Hija mía, de mi vida, no puede ser”: el grito de un padre en medio de la tragedia aérea que dejó 15 muertos


Un avión de Satena se estrelló en una zona montañosa cuando cubría una ruta regional y dejó 15 personas muertas. Entre los restos de la aeronave, un padre llegó al lugar del impacto y confirmó que una de las víctimas era su hija, con quien había hablado por teléfono horas antes del accidente.

El accidente aéreo que dejó 15 personas muertas no solo quedó marcado por el impacto de la aeronave contra la montaña, sino por una escena que rompió incluso a los rescatistas más experimentados. En medio de la neblina, el silencio y los restos retorcidos del avión, un padre llegó al lugar del siniestro y se encontró con la peor confirmación de su vida: su hija estaba entre las víctimas.

Horas antes habían hablado por teléfono. Una conversación cotidiana, sin despedidas finales ni presagios. Minutos después, la aeronave desapareció del radar. Ahora, frente a los fragmentos del fuselaje y los objetos personales esparcidos en la zona, el hombre gritaba desconsolado, incapaz de aceptar que su hija ya no volvería.

Hija mía, de mi vida. No puede ser. Te amo”, se le escuchaba decir una y otra vez, mientras avanzaba entre la vegetación destruida y los restos del Beechcraft 1900, matrícula HK-4709, que cubría una ruta regional para Satena.

La aeronave debía aterrizar en el aeropuerto Aguas Claras de Ocaña a las 12:10 del mediodía, pero nunca llegó. Más tarde se confirmó que el avión se había estrellado en una zona montañosa de difícil acceso, dejando un saldo fatal de 15 personas muertas: 13 pasajeros y dos pilotos.

Las condiciones del terreno y el clima complicaron desde el inicio las labores de rescate. La espesa neblina obligó a suspender temporalmente las operaciones de recuperación, una decisión técnica que para las familias significó una espera insoportable, con la angustia intacta y sin poder despedirse de sus seres queridos.

En el sitio del impacto, el dolor se repetía en silencio. Mochilas abiertas, documentos, prendas de vestir y objetos personales daban cuenta de vidas que quedaron abruptamente detenidas. No hubo sobrevivientes.

La escena del padre buscando a su hija se convirtió en el rostro más crudo de la tragedia. No pidió explicaciones ni reclamó responsabilidades. Solo intentó, hasta el último momento, aferrarse a la esperanza que ningún padre quiere perder, incluso cuando la realidad ya es irreversible.

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Mientras tanto, las autoridades aeronáuticas y de transporte iniciaron las investigaciones para establecer las causas del accidente. Las hipótesis técnicas serán analizadas en los próximos días, mientras continúan las labores de recuperación en la zona del siniestro.


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