Guerra por territorio dejó dos muertos en Barranquilla: uno era el objetivo, el otro solo estaba en su casa


Un ataque sicarial en el sur de la ciudad terminó con dos muertos en plena madrugada: el objetivo del atentado y un ciudadano ajeno al conflicto que fue alcanzado por una bala perdida mientras compartía en su casa.

La guerra por el control criminal en Barranquilla volvió a cobrar vidas sin distinción. Esta vez, un ajuste de cuentas entre bandas dejó dos muertos en cuestión de segundos: uno marcado por el delito y otro que no tenía nada que ver, pero quedó en la línea de fuego. En esta ciudad, estar en el lugar equivocado basta para morir.

El ataque: ráfagas dirigidas y muerte colateral

La madrugada de este domingo 5 de abril quedó marcada por una balacera en la carrera 8 con calle 41, barrio La Alboraya. Dos hombres armados, movilizándose en motocicleta, llegaron con el objetivo de ejecutar a Pedro Junior Haydar Sarabia, de 21 años.

Lo interceptaron y dispararon sin piedad. Los impactos lo derribaron en el sitio.

Pero la violencia no se detuvo ahí. Las balas siguieron su curso y alcanzaron a Arturo Alfonso Ahumada Solís, de 30 años, quien se encontraba en la terraza de una vivienda cercana, compartiendo con amigos.

No corría, no huía, no debía nada. Aun así, recibió el impacto que le quitó la vida.

El objetivo y la víctima que no debía morir

Las autoridades confirmaron que Haydar Sarabia era el blanco del atentado. Al revisar su historial en el sistema SPOA, registraba anotaciones judiciales por homicidio y porte ilegal de armas de fuego.

Su muerte encaja en la lógica de la retaliación.

La de Ahumada Solís, no.

El hombre fue trasladado de urgencia a un centro asistencial, pero llegó sin posibilidades de sobrevivir.

La Policía confirmó que no tenía relación con estructuras criminales ni con el ataque. Su único error fue estar cerca.

La guerra que se pelea en las calles

Detrás de este doble homicidio está la disputa territorial entre ‘Los Costeños’ y ‘Los Pepes’, dos estructuras que mantienen una confrontación constante por el control de rentas ilegales en el sur de Barranquilla.

Cada ataque es un mensaje. Cada muerte, una advertencia.

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El problema es que en esa guerra no solo caen quienes están dentro. También mueren los que quedan en medio.


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