
Guardianes de la Bahía: una generación que no cambia este balneario por ninguno de Santa Marta
Este grupo de veteranos samarios se reúne todos los días a bañarse en la Bahía. Aseguran que el mar nunca les ha hecho daño y que, por el contrario, les ha sanado dolencias. No son científicos, pero creen firmemente que esta playa tiene poderes curativos. Solo le piden al gobierno que la cuide.
Cada mañana, sin falta, un grupo de hombres mayores se da cita en la Bahía de Santa Marta. No es por nostalgia ni por ocio: lo hacen convencidos de que ese mar que los ha acompañado toda la vida es también su mejor medicina.
Se hacen llamar Los Guardianes de la Bahía. No tienen uniformes, títulos ni cargos oficiales, pero sí un compromiso inquebrantable con el lugar donde cada día sumergen sus cuerpos y lo limpian cuando encuentran basuras en su entorno. Son jubilados, amigos, trabajadores del puerto que encontraron en el agua salada un ritual que, aseguran, les ha dado salud y vitalidad.
“No conozco dermatólogo que le gane al agua de esta bahía”, dice con firmeza uno de los integrantes. “He llegado con brotes en la piel y al día siguiente, sanado. A veces me he sentido débil, y después de un buen baño, como nuevo”, agrega.
La fotografía que este miércoles capturó el reportero gráfico Edgar Fuentes para el portal República Independiente los muestra sonrientes, de pie en el agua, como si posaran para una postal de resistencia. Porque eso son: un acto de fe y permanencia en medio de una ciudad que cambia, muchas veces, sin mirar al mar.
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Y aunque no se declaran expertos ni biólogos, sostienen una teoría sencilla pero poderosa: la playa se autolimita, se renueva, se cuida sola. “Mientras no la contaminen, este lugar se mantiene limpio. Aquí hay algo que no se puede explicar, pero se siente”, aseguran.
Por eso su mensaje no es para pedir atención para ellos, sino para la bahía que los acoge:
“Solo queremos que no la sigan contaminando. Que el alcantarillado no se desborde. Que las autoridades miren hacia el mar y entiendan que aquí también se cuida la salud”.
No hay títulos ni medallas en su causa, pero sí una verdad que repiten todos los días, con cada zambullida: la bahía no solo es belleza, es vida. Y ellos son su guardia silenciosa.
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