Gasolina que subió $7 mil durante el gobierno de Petro baja hoy 1 de febrero 500 pesos 


El Ejecutivo argumentó que el alza fue necesaria para cerrar el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), pero ahora reconoce que el impacto social obliga a corregir el rumbo. La reducción arranca con un descuento mayor al anunciado inicialmente, justo cuando el país entra en un año de alta tensión electoral.

Durante el gobierno de Gustavo Petro el precio de la gasolina en Colombia pasó de ser un gasto manejable a convertirse en una carga diaria para millones de hogares. En menos de cuatro años, el galón subió cerca de un 75 %, empujando el costo de vida, el transporte y los alimentos. Hoy, 1 de febrero, el Gobierno anunció el inicio de una reducción gradual: 500 pesos menos por galón, un giro que llega en medio de una coyuntura política clave.

Cuando Gustavo Petro llegó a la Casa de Nariño en agosto de 2022, el galón de gasolina rondaba los $9.200. Desde entonces, el precio avanzó mes a mes hasta rozar los $16.000, convirtiendo el combustible en uno de los símbolos más visibles del ajuste económico del Gobierno.

El incremento no fue menor ni silencioso: afectó al transporte público, encareció la canasta familiar y se sintió con fuerza en taxistas, motociclistas, repartidores y pequeños comerciantes, que trasladaron el alza a los precios finales.

Las razones oficiales

El Gobierno sostuvo durante todo el proceso que mantener el subsidio era insostenible. El FEPCacumulaba un déficit cercano a los $36 billones, una bomba fiscal que, según el Ministerio de Hacienda, ponía en riesgo la estabilidad financiera del país.

A eso se sumaron otros factores:

• La volatilidad del precio internacional del petróleo

• El impacto del dólar

• La decisión política de eliminar subsidios considerados regresivos

• La necesidad de “decir la verdad del precio real” de los combustibles

La narrativa fue clara: había que asumir el costo hoy para evitar una crisis mayor mañana.

Bajarla en plena época política 

Ese discurso empezó a cambiar cuando el desgaste social se hizo evidente. Protestas, reclamos ciudadanos y un ambiente político cada vez más tenso obligaron al Gobierno a mover ficha.

Desde hoy, 1 de febrero, el precio de la gasolina empieza a bajar de forma gradual. Aunque inicialmente se habló de una reducción de 300 pesos, finalmente el Ejecutivo anunció un ajuste mayor: 500 pesos menos por galón.

La explicación oficial apunta a una mejora en las cuentas del FEPC y a un reacomodo fiscal. Pero el contexto no pasa desapercibido: el país entra en una etapa decisiva del calendario político, y el costo de vida se ha convertido en uno de los principales factores de desgaste para el Gobierno.

La lectura es inevitable. La gasolina subió durante casi todo el mandato y empieza a bajar cuando las elecciones presidenciales se acercan. Para el Gobierno, es una corrección necesaria. Para la oposición, una estrategia política. Para la ciudadanía, un respiro que aún no compensa el golpe acumulado.


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