Estuvo a punto de perder la pierna y la vida en la calle: hoy ya rehabilitado busca trabajo y una segunda oportunidad


Una infección provocada por retirarse por su cuenta material quirúrgico casi lo lleva a la amputación. Tras cuatro meses internado y un proceso de desintoxicación acompañado por la Alcaldía de Santa Marta, un joven habitante de calle intenta reconstruir su vida y empezar de nuevo.

Cristian llegó al hospital cuando ya era tarde para seguir ignorando el dolor. La infección avanzaba sin control y los médicos tenían un diagnóstico claro: si no reaccionaba, perdería la pierna izquierda.

Su cuerpo reflejaba un largo tiempo de abandono, consumo de drogas y vida en la calle. La amenaza no era solo médica. Era mortal.

Durante 120 días permaneció hospitalizado en el Julio Méndez Barreneche, sometido a tratamientos constantes para detener una infección severa que había comenzado meses atrás y que estuvo a centímetros de convertirse en una amputación inevitable.

La historia que lo llevó hasta esa cama empezó tiempo antes.

Una decisión que casi le cuesta la pierna

Tras sufrir un accidente, especialistas le habían reconstruido la pierna izquierda mediante una cirugía compleja que incluyó clavos y platinas para sostener el hueso. El procedimiento fue exitoso, pero el proceso de recuperación dependía del cuidado posterior.

Ese cuidado nunca llegó.

En medio de un periodo de desorientación y consumo, Cristian tomó una decisión extrema: retirarse por su cuenta el material implantado en la pierna. La herida quedó expuesta y la infección apareció poco después.

Sin controles médicos, sin higiene adecuada y viviendo en la calle, el deterioro fue rápido.

Cuando finalmente buscó ayuda, la situación era crítica.

El punto más bajo

Hace cuatro meses, funcionarios y colaboradores de la Secretaría de Promoción Social del Distrito —liderados por David Farelo bajo la administración del alcalde Carlos Pinedo— intervinieron para gestionar su traslado urgente al hospital.

Ese momento marcó un nuevo comienzo.

No solo dieron inicio a las curaciones para salvar la extremidad. También inició un proceso paralelo que resultaría igual de determinante: la desintoxicación.

Antes de llegar al hospital, su rutina era caminar sin rumbo por Santa Marta, dormir donde pudiera y consumir sustancias que lo mantenían desconectado de la realidad.

Él mismo lo reconoce ahora, con una lucidez que contrasta con su pasado reciente.

“Estaba perdido en las drogas, a punto de perder mi pierna. Gracias a Dios no la perdí. En ese camino ya no reconocía a las personas. Pero aquí estoy, esperando por un trabajo y seguir ahora las cosas bien en mi vida”, dijo emocionado.

120 días para volver a empezar

El tratamiento médico logró contener la infección y evitar la amputación. Pero el cambio más evidente ocurrió fuera de los diagnósticos clínicos.

Con el paso de las semanas recuperó peso, claridad mental y estabilidad emocional. Las curaciones dejaron de ser solo físicas y comenzaron a convertirse en un proceso de reconstrucción personal.

Quienes lo conocieron antes aseguran que hoy luce irreconocible.

Ya no es el joven que caminaba desorientado por las calles. Ahora habla de empleo, de rutina y de mantenerse sobrio.

Una segunda oportunidad

Tras recibir el alta médica, Cristian decidió continuar voluntariamente su proceso en un centro de atención para seguir su recuperación y prepararse para reintegrarse laboralmente.

La secuencia que comenzó con un accidente, continuó con una decisión que casi le cuesta la pierna y terminó en una hospitalización prolongada, hoy toma otro rumbo.

No hay garantías ni finales perfectos.

Pero sí una decisión distinta.

Después de haber estado al límite entre la amputación y el abandono total, Cristian eligió quedarse, recuperarse y empezar otra vez.

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Ahora espera una oportunidad de trabajo que confirme lo que durante cuatro meses intentó demostrar: que todavía es posible volver cuando todo parecía perdido.


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