
Estados Unidos retrocede en su acusación clave contra Maduro: el “Cártel de los Soles” no es un cartel real
Días después de la captura de Nicolás Maduro, el Departamento de Justicia de EE. UU. reescribió su acusación y admitió que el llamado “Cártel de los Soles” no existe como una organización criminal estructurada. La figura central de la denuncia cambia: de un cartel narcoterrorista a un sistema de corrupción estatal.
Durante años, Washington sostuvo que Nicolás Maduro era el jefe de una poderosa organización criminal dedicada al narcotráfico. Con esa narrativa se justificaron sanciones, presiones diplomáticas y, finalmente, una operación que terminó con su captura. Hoy, esa pieza central de la acusación ha sido debilitada por la propia justicia estadounidense.
En una acusación formal reescrita y presentada tras el operativo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos dejó de sostener que el “Cártel de los Soles” sea un cartel real, con jerarquía, mando y estructura criminal similar a los grandes carteles de la región. En su lugar, reconoció que el término se utiliza para describir un entramado de corrupción estatal alimentado por recursos del narcotráfico.
El giro es contundente. En la acusación original, el nombre del supuesto cartel aparecía 32 veces y presentaba a Maduro como su máximo líder. En el nuevo documento, la referencia se reduce a solo dos menciones y el enfoque cambia: ya no se habla de una organización armada, sino de un sistema clientelar en el que funcionarios civiles y militares habrían recibido beneficios ilícitos.
La Fiscalía sostiene ahora que las ganancias del narcotráfico “fluyen a funcionarios civiles, militares y de inteligencia corruptos, que operan en un sistema de clientelismo dirigido por quienes están en la cima, conocido como el Cártel de los Soles”, una expresión que —admite— funciona como referencia simbólica a la insignia del sol que portan oficiales de alto rango en Venezuela.
Esa redefinición no es menor. Expertos en crimen organizado y narcóticos en América Latina han señalado que el término nació en la década de 1990 como una denominación mediática, no como la identificación de una estructura criminal formal. De hecho, ni la DEA ni la ONU han incluido al “Cártel de los Soles” en sus informes oficiales como una organización criminal reconocida.
Lo que genera este cambio en la versión inicial
La nueva acusación también modifica el alcance histórico de las responsabilidades. Ya no se describe a Maduro como comandante de un cartel, sino como protector —junto al fallecido Hugo Chávez— de un sistema de lealtades sostenido con dinero ilegal. El énfasis pasa del narcoterrorismo a la corrupción estructural del Estado.
Pese a este ajuste judicial, la narrativa política no ha cambiado al mismo ritmo. Dirigentes estadounidenses como Marco Rubio continúan refiriéndose públicamente al “Cártel de los Soles” como una organización criminal liderada por Maduro. Bajo ese discurso, Estados Unidos mantiene su política de interdicción de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico vinculadas al narcotráfico.

El caso contra Maduro sigue en pie, pero el sustento jurídico ya no es el mismo. La Fiscalía no busca probar la existencia de un cartel tradicional, sino demostrar que en Venezuela operó un sistema de corrupción estatal donde el narcotráfico habría servido como combustible político y militar. Es un cambio de eje que redefine una de las acusaciones más graves formuladas por Washington contra un jefe de Estado extranjero.
Este viraje ha reactivado críticas que desde el inicio cuestionaron la intervención estadounidense. Analistas y sectores políticos señalan que la principal acusación utilizada para justificar la operación quedó debilitada por la propia justicia de EE. UU., lo que abre interrogantes sobre los verdaderos motivos de fondo. En ese debate reaparece una hipótesis incómoda: que el interés estratégico de Washington en el petróleo venezolano haya pesado más que la figura, hoy desdibujada, del “Cártel de los Soles”. Aunque esa tesis no forma parte del expediente judicial, el cambio oficial en la narrativa ya dejó una certeza: la acusación central no era tan sólida como se presentó durante años.
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