En plena emergencia por lluvias, Petro decide no aceptar ayudas humanitarias que le ofreció Estados Unidos


Mientras más de 68.000 familias en Córdoba permanecen bajo el agua y el país supera los 200.000 afectados por las lluvias, el Gobierno nacional confirmó que no ha solicitado cooperación internacional y descartó recibir asistencia ofrecida por Estados Unidos, asegurando que la respuesta interna aún tiene capacidad para atender la emergencia.

El agua arrasó casas, cultivos y pertenencias. Lo que no llegó fue la ayuda internacional. En medio de una temporada de lluvias con fuertes estragos, el Gobierno colombiano reconoció limitaciones económicas para enfrentar la emergencia, pero decidió no aceptar la asistencia humanitaria que Estados Unidos anunció para miles de familias damnificadas en Córdoba.

La decisión abrió un nuevo debate en medio de la crisis: mientras las comunidades esperan alimentos, agua potable y refugio, el Estado insiste en que todavía puede responder solo.

El Departamento de Estado de Estados Unidos informó su intención de enviar apoyo humanitario destinado a las zonas más golpeadas por las inundaciones. El paquete incluía alimentos, insumos para potabilización de agua y elementos básicos para albergues temporales, con una primera fase dirigida a 1.400 hogares cordobeses.

Sin embargo, la ayuda nunca avanzó.

Desde la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), su director Carlos Carrillo fue claro: Colombia no ha solicitado esa cooperación.

No es una ayuda que nosotros estemos solicitando”, afirmó el funcionario, explicando que cualquier asistencia internacional debe ser tramitada exclusivamente por la Cancillería bajo instrucción directa del presidente de la República.

En otras palabras, sin solicitud formal, la ayuda no puede entrar.

El Gobierno defiende su capacidad

La administración de Gustavo Petro sostiene que la respuesta institucional continúa operativa y que aún no se han agotado los recursos internos.

Según cifras oficiales, más de 220 toneladas de asistencia humanitaria han sido movilizadas en coordinación con gobernaciones, alcaldías, Fuerzas Militares, Policía, organismos de socorro y sector privado.

Carrillo agradeció la solidaridad internacional, pero reiteró que el país mantiene capacidad de reacción propia y que ninguna entidad territorial puede gestionar ayuda extranjera por cuenta propia.

El mensaje fue contundente: la emergencia sigue siendo manejada con recursos nacionales.

Una contradicción en medio del desastre

La postura oficial contrasta con advertencias recientes emitidas por la misma UNGRD días atrás, cuando la entidad reconoció que la magnitud de los daños podría superar la capacidad financiera ordinaria del Estado.

Ese diagnóstico abrió la puerta a medidas extraordinarias, incluso una eventual declaratoria de emergencia económica para financiar la recuperación.

El contraste es evidente: mientras se habla de limitaciones presupuestales y posibles medidas excepcionales, la cooperación internacional permanece congelada por decisión administrativa.

Córdoba sigue esperando

En Córdoba, la discusión política tiene poco eco frente a la realidad diaria.

Las inundaciones han dejado miles de viviendas anegadas, pérdidas agrícolas y comunidades enteras dependiendo de ayudas temporales para sobrevivir. Familias completas permanecen en albergues improvisados o en casas parcialmente destruidas, esperando soluciones que no solo mitiguen la emergencia inmediata, sino que enfrenten una vulnerabilidad histórica frente a las lluvias.

Allí, la crisis no se mide en declaraciones oficiales sino en días sin ingresos, agua contaminada y alimentos que no alcanzan.

El llamado a bajar la confrontación

Ante la polémica, el director de la UNGRD pidió evitar que la tragedia se convierta en escenario de confrontación política. Insistió en que la prioridad debe ser la atención humanitaria y no los debates partidistas.

Pero mientras el Gobierno defiende su autonomía en la respuesta, crecen las preguntas sobre si rechazar ayuda internacional en medio de una emergencia masiva es una decisión técnica o política.

Hoy el país enfrenta una paradoja incómoda: reconoce la magnitud del desastre, advierte limitaciones financieras y evalúa medidas extraordinarias, pero al mismo tiempo mantiene cerrada la puerta a la cooperación externa.

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Mientras tanto, más de 68.000 familias en Córdoba siguen esperando que la ayuda —nacional o internacional— llegue antes de que el agua termine de llevárselo todo.


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