
ELN bloqueó a tiros llegada de helicóptero y oficial murió esperando auxilio
Un helicóptero de evacuación médica fue repelido a disparos en Guamalito, Norte de Santander, impidiendo el rescate del subteniente Andrés de la Hoz, gravemente herido durante un hostigamiento armado contra la subestación de Policía.
En medio de un violento ataque contra la subestación de Policía del corregimiento de Guamalito, zona rural de El Carmen, Norte de Santander, el subteniente Andrés de la Hoz resultó gravemente herido y falleció minutos después, luego de que un helicóptero medicalizado fuera obligado a retirarse tras recibir ráfagas de fusil por parte de presuntos integrantes del ELN, frustrando su evacuación de emergencia.
Mientras el uniformado yacía malherido en el suelo, aferrándose a la vida, el sonido del helicóptero irrumpió como un hilo de esperanza en una tarde marcada por el miedo.
Habitantes de la zona, incluidos menores de edad, observaban con inquietud el acercamiento de la aeronave, conscientes de que cada segundo podía significar la diferencia entre la vida y la muerte. En videos que captaron el momento, se aprecia cómo la aeronave se aproxima lentamente y, de manera abrupta, el panorama se transforma con el estallido de las ráfagas.
Cuando la aeronave comenzó su maniobra de descenso, el cielo se llenó de detonaciones. Las ráfagas obligaron al piloto a abortar el aterrizaje para evitar un desenlace aún más trágico. El helicóptero se elevó nuevamente entre la impotencia y la tensión, mientras en tierra la situación el uniformado se tornaba cada vez más crítica.
La escena fue desgarradora: vecinos corriendo para resguardarse, el eco de los disparos retumbando entre las viviendas y un policía herido esperando una ayuda que no pudo materializarse. No fue la falta de recursos ni de voluntad lo que selló su destino, sino la decisión deliberada de disparar contra una misión de salvamento.
Minutos después, las autoridades confirmaron lo inevitable: el subteniente Andrés de la Hoz perdió la vida sin poder recibir atención médica oportuna. Su muerte no solo dejó luto en su familia y en la institución, sino que reavivó el debate sobre la crudeza del conflicto armado en esta región.
El ataque en Guamalito se suma a una serie de hechos violentos que han golpeado a Norte de Santander en las últimas semanas, evidenciando el deterioro de la seguridad y el riesgo constante al que están expuestas tanto las comunidades como la Fuerza Pública. Para los habitantes del corregimiento, la guerra volvió a mostrar su rostro más implacable.
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Las autoridades condenaron de manera enfática el hostigamiento y el ataque contra la aeronave, recordando que disparar contra una evacuación médica constituye una grave violación al Derecho Internacional Humanitario. Mientras tanto, en Guamalito persiste la incertidumbre, el dolor y la sensación de vulnerabilidad tras una jornada que terminó con la vida de un policía que esperó un rescate que nunca pudo tocar tierra.
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