
El “Supermán” que desafiaba toros no pudo esquivar la muerte a tiros; brutal ataque a reconocido personaje de las corralejas en Magdalena
Fue asesinado con extrema violencia la noche de Jueves Santo en zona rural de El Retén. Su cuerpo quedó irreconocible tras un ataque a bala que hoy investigan las autoridades.
A Carlos Zúñiga lo alcanzaron las balas. El hombre que durante años esquivó la muerte en las corralejas terminó tendido en una vía polvorienta, con una cerveza a un lado y el rostro destrozado por los disparos. Esta vez no hubo salto, ni aplausos, ni escapatoria. En Fundación, El Retén y otros municipios del norte del Magdalena, su nombre tenía peso.
No era necesario decir Carlos Zúñiga. Bastaba con mencionar al “Supermán de las corralejas” para que todos supieran de quién hablaban.
Desde joven se convirtió en el espectáculo principal de estos eventos taurinos. Su habilidad para saltar alto, esquivar embestidas y salir ileso frente a toros bravos lo convirtió en figura. La gente lo esperaba, lo aplaudía y le pagaba por verlo arriesgar la vida.
Era cercano, alegre, de esos que saludaban a todo el mundo. Un bacán, como lo describen quienes lo conocieron.
El último recorrido: del billar a la muerte
La noche del Jueves Santo no estaba en una plaza ni frente a un toro. Estaba en un billar, compartiendo como cualquier otra noche. Al salir, con una cerveza en la mano, fue interceptado.
El ataque fue directo. Un hombre le disparó con la intención clara de matarlo.
No fue un solo tiro. Fueron varios, descargados con rabia, dirigidos al pecho y al rostro. La sevicia marcó la escena: querían asegurarse de que no sobreviviera y de que su cara desapareciera.
Carlos Zúñiga quedó tendido en la vereda El Pleito, en zona rural de El Retén, rodeado de sangre y silencio. Irreconocible.
Un crimen con más preguntas que respuestas
Las causas siguen sin claridad. Versiones preliminares hablan de una posible discusión previa. Otras apuntan a un ataque sin mediar palabra.
Lo cierto es que el nivel de violencia dejó más preguntas que certezas. La manera en que fue ejecutado habla de un acto cargado de odio.
Las autoridades iniciaron las investigaciones para establecer quién disparó y por qué. La noticia corrió rápido, no solo por la brutalidad del crimen, sino por quién era la víctima.
Grupos taurinos y aficionados a las corralejas reaccionaron en redes sociales. Mensajes de dolor, incredulidad y rabia se multiplicaron. Para muchos, no murió solo un hombre, murió un símbolo del espectáculo popular en la región.

Quienes lo conocían siguen repitiendo la misma pregunta: ¿qué pasó? Carlos Zúñiga había enfrentado toros bravos y burlado la muerte en múltiples ocasiones. Su fama nació de ese riesgo constante, de ese desafío directo a lo inevitable.
Pero esta vez no hubo arena, ni toro, ni público. Hubo balas y fueron más rápidas que él.
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