
“El Rodadero tocó fondo”: Pinedo llega a enfrentar denuncias por extorsión, basuras y aguas negras y promete recuperar el balneario
El alcalde Carlos Pinedo se sentó frente a líderes y comerciantes del sector turístico más importante de Santa Marta, golpeado por la inseguridad, el deterioro urbano y el colapso sanitario. La comunidad exigió soluciones y el mandatario lanzó advertencias contra la extorsión y anunció obras urgentes.
El Rodadero dejó de ser solo una postal turística para convertirse en un problema acumulado durante años. Basuras, aguas residuales, calles destruidas, habitantes de calle y denuncias de extorsión llevaron al alcalde Carlos Pinedo Cuello a presentarse cara a cara ante la comunidad que exige recuperar uno de los sectores más golpeados de Santa Marta.
La reunión fue una asamblea cargada de reclamos, preocupaciones y presión ciudadana convocada por la Junta de Acción Comunal, donde líderes barriales, comerciantes y autoridades expusieron una realidad incómoda: el principal balneario turístico del Distrito perdió control y necesita intervención urgente.
“Nuestro compromiso es recuperar El Rodadero”, dijo el alcalde frente a los asistentes, reconociendo que el deterioro no ocurrió de un día para otro, sino por años de abandono institucional.

Un balneario atrapado entre el abandono y la crisis
Durante el encuentro salieron a flote los problemas que hoy afectan la imagen del sector: inseguridad, vertimientos de aguas residuales, acumulación de basuras, desorden urbano y falta de cultura ciudadana.
Las denuncias apuntaron a una degradación progresiva que golpea directamente al turismo y a quienes dependen económicamente del balneario.
El propio mandatario reconoció la profundidad del problema.
“La gran realidad de Santa Marta es que hay brechas profundas que se fueron creando con el tiempo y no se atendieron”, afirmó, dejando claro que la administración busca corregir errores heredados.
A la asamblea asistieron secretarios distritales, Policía Nacional, inspector de Policía, representantes de Essmar y Atesa, además de líderes comunitarios que exigieron respuestas concretas más allá de promesas.
Extorsión: la advertencia más fuerte
Uno de los momentos más tensos llegó cuando se abordaron las denuncias de extorsión que afectan a operadores turísticos, carperos, vendedores ambulantes y comerciantes.
El alcalde les hizo un llamado: “no paguen. No vamos a permitir que la autoridad sea reemplazada por bandidos”.
El Distrito anunció un plan de choque con intervenciones en puntos estratégicos del sector para recuperar la seguridad y enviar un mensaje de control institucional en una zona donde el comercio asegura sentirse presionado por estructuras criminales.
Obras prometidas para frenar el deterioro
Entre los anuncios que generaron mayor expectativa estuvo la construcción del colector Tamacá, actualmente en proceso de contratación, así como la financiación conjunta entre el Distrito y el sector privado para el colector Playa Salguero, proyectos clave para enfrentar los problemas sanitarios.
En materia vial, Pinedo fue especialmente crítico con obras anteriores.
Recordó la intervención realizada en la calle Primera en 2023, calificándola como un “desastre”, señalando que una vía presentada como peatonal terminó deteriorada y bajo revisión de organismos de control.
La Alcaldía anunció que abrirá nuevamente la vía y reemplazará la malla vial para corregir las fallas estructurales.

Un intento por recuperar la confianza
La presidenta de la Junta de Acción Comunal, Aída Castillo, destacó la presencia del alcalde y aseguró que era la primera vez que sostenían un encuentro directo con él para discutir soluciones.
Mientras tanto, la administración socializó otros proyectos en marcha: colectores Pescaíto y Bellavista, rehabilitación de la EBAR Norte, más de 85 frentes de obra en la ciudad, la futura planta de tratamiento El Curval y las plantas desalinizadoras.
“Estamos trabajando 24/7 para cerrar brechas que tocaron fondo”, afirmó el mandatario.
El reto: recuperar un símbolo turístico
El Rodadero enfrenta hoy algo más complejo que un problema de infraestructura: recuperar la confianza de residentes, comerciantes y turistas que han visto deteriorarse uno de los lugares más emblemáticos del Caribe colombiano.
La promesa quedó hecha frente a la comunidad. Ahora el desafío será demostrar que esta vez las soluciones no se quedarán en discursos, sino que se reflejarán en calles limpias, seguridad real y un balneario que vuelva a funcionar sin miedo ni abandono.
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