El negocio no le dió para pagar las exigencias extorsivas y lo mataron: Vendía masas y agua de maíz


Un joven vendedor de masas y agua de maíz fue asesinado mientras trabajaba; la familia asegura que la presión de una extorsión imposible de cubrir habría desencadenado el crimen.

Cada día abría su quiosco con la misma rutina: organizar, vender y resistir. Esta vez no alcanzó. Lo mataron frente al negocio que construía con esfuerzo, por no tener cómo pagar lo que le exigían.

Yoiber Jesús Sara Escorcia, de 23 años, fue asesinado la noche del crimen en la calle 46 con carrera 6C, barrio Villa Adela, en Soledad. El joven atendía su ‘Kiosko Estación’, un pequeño emprendimiento donde vendía masas y agua de maíz, que levantó durante años, cuando dos hombres llegaron a pie, simulando ser clientes y acabaron con su vida.

Eran cerca de las 8:00 de la noche. Todo parecía normal hasta que, de forma repentina, uno de ellos sacó un arma de fuego y le disparó en varias oportunidades. Yoiber cayó tendido en el suelo, mientras el miedo se apoderaba de quienes estaban cerca. Algunos corrieron, otros quedaron paralizados ante la escena.

En medio del shock fue auxiliado y trasladado de urgencia al Hospital Materno Infantil de Soledad. Fue una carrera contra la muerte, pero al llegar, los médicos confirmaron lo peor: Yoiber que ya no tenía signos vitales.

Horas antes, la escena era distinta. Sobre las 4:00 de la tarde había salido de su casa, llegó como siempre a su puesto, organizó su mercancía, se dio la bendición y empezó a trabajar.

Así transcurrían sus días: apostándole a un negocio pequeño, pero suyo, construido con constancia.

Ese quiosco no era solo un punto de venta. Era su sustento, su proyecto de vida, el medio para mantener a su hijo de dos años. Durante cuatro años lo levantó paso a paso, vendiendo masas y agua de maíz, resistiendo las dificultades sin soltar su única fuente de ingreso.

Pero detrás de esta muerte hay un trasfondo doloroso, una presión silenciosa que, según su familia, terminó por sellar su destino. A Yoiber —aseguran— lo mataron por no tener dinero para pagar.

La cifra era desproporcionada frente a lo que producía su negocio. Era una exigencia que lo desbordaba.

“Él pagaba eso cada mes. Tenía el quiosco arrendado y era poquito lo que ganaba, porque usted sabe que el kilito de eso (la masa) cuesta 1.200 pesos”, relató un allegado entre sollozos.

Las cuentas simplemente no daban. Para cubrir solo esa suma, Yoiber habría tenido que vender más de 4.100 kilos de masa al mes, sin contar arriendo, insumos, transporte ni su propia subsistencia.

“Si pagaba la extorsión no le quedaba para la comida de él y su hijo”.

Aun así, durante cerca de dos años, pagó. No porque pudiera, sino porque el miedo lo empujaba a hacerlo. Era una carga que lo ahogaba, pero que asumía para poder seguir trabajando y mantenerse con vida.

No denunció, porque usted sabe que, ajá, uno como gente humana, con miedo, por miedo no denunció”, explicó su tía, reflejando una realidad que se repite entre pequeños comerciantes.

La presión lo obligaba a una decisión imposible. “Él decía que de qué más iba a vivir si no tenía su negocio, entonces él pagaba”, agregó su familiar.

Yoiber, en medio de limitaciones, logró construir un negocio propio, una base para sostener a su familia. Pero ese esfuerzo diario terminó enfrentándose a una estructura criminal que no mira realidades. No pagó y murió.

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De acuerdo con los registros, el joven tenía una anotación judicial por el delito de estafa en el año 2022.

Mientras las autoridades avanzan en las investigaciones, su familia insiste en que no fue un hecho aislado, sino el desenlace de una presión constante que lo fue cercando hasta quitarle la vida.


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