
El mar se está tragando Palomino: desaparecen más de 60 metros de playa y el turismo entra en alerta
El aumento del nivel del mar y el fuerte oleaje provocado por el frente frío ya golpean estructuras comerciales y amenazan la principal fuente económica del corregimiento guajiro. La comunidad exige acciones urgentes mientras observa cómo la costa retrocede día tras día.
El mar avanzó sin pedir permiso y comenzó a borrar a Palomino del mapa turístico del Caribe. Más de 60 metros de playa desaparecieron en cuestión de días, arrastrados por un oleaje cada vez más agresivo que hoy golpea negocios, pone en riesgo construcciones y deja a decenas de familias mirando cómo su sustento se hunde junto con la arena.
Desde los primeros días de febrero, el impacto del primer frente frío del año ha cambiado el paisaje del corregimiento ubicado en La Guajira. Las lluvias constantes y el aumento del nivel del mar transformaron una de las playas más visitadas del norte del país en una zona de preocupación permanente.
Las imágenes difundidas por residentes y turistas muestran una escena que antes parecía improbable: el agua alcanzando estructuras comerciales levantadas en la primera línea costera. Restaurantes, kioscos y zonas de descanso que antes estaban separados del mar por amplias franjas de arena hoy quedan expuestos directamente a la fuerza del oleaje.

La playa que sostenía la economía
Palomino vive del turismo. Su playa extensa, su oleaje atractivo para surfistas y su paisaje natural han sido durante años el motor económico de la zona. Hoy, esa misma playa se reduce aceleradamente.
Habitantes del sector aseguran que el mar no solo se llevó arena. También dejó daños visibles en infraestructuras y amenaza con arrasar otras construcciones si las condiciones climáticas continúan.
Visitantes describen el comportamiento del mar como “superagresivo”, una condición inusual incluso para una zona acostumbrada a corrientes fuertes. El problema ya no es solo ambiental: comienza a convertirse en un riesgo para la seguridad de quienes llegan buscando descanso y para quienes dependen del turismo para sobrevivir.
Cada metro de playa perdido representa menos espacio para turistas, menos actividad comercial y menos ingresos para familias enteras que trabajan en hospedajes, restaurantes, ventas informales y servicios turísticos.
Una emergencia anunciada
Ante la situación, la comunidad decidió acudir a mecanismos legales. Residentes interpusieron una acción popular exigiendo intervención inmediata del Estado para frenar la erosión costera y adoptar medidas de protección ambiental.
El reclamo es claro: sin acciones urgentes, Palomino podría enfrentar pérdidas irreversibles.
Los habitantes aseguran que durante años han advertido sobre la vulnerabilidad de la costa, pero solo ahora, cuando el mar comenzó a destruir físicamente el territorio, la gravedad del problema se volvió imposible de ignorar.
La erosión costera, impulsada por fenómenos climáticos cada vez más intensos, evidencia la fragilidad del Caribe colombiano frente al cambio climático y la falta de infraestructura de protección litoral.

El miedo que deja el mar
Mientras esperan respuestas oficiales, los residentes observan diariamente cómo la línea costera retrocede. Lo que ayer era zona de descanso hoy es agua. Lo que era arena hoy es incertidumbre.
Palomino sigue recibiendo visitantes, pero la preocupación crece entre comerciantes y trabajadores turísticos que temen que la temporada se desplome si el mar continúa avanzando.
La emergencia ya no es una advertencia ambiental: es una amenaza directa contra la economía local y la estabilidad de una comunidad que depende casi por completo del turismo.
El mar sigue golpeando. Y en Palomino, cada ola que llega deja la misma sensación: la naturaleza está ganando terreno mientras las soluciones aún no aparecen.
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