El fuego se llevó todo en 15 minutos: dueños del hotel Yaku quedaron viendo cómo su sueño se convirtió en cenizas


Un incendio fulminante arrasó el complejo turístico Yaku, en Mendihuaca. Dieciséis cabañas y tres restaurantes desaparecieron en minutos, dejando a sus propietarios y trabajadores sin nada. Hoy, entre ruinas y lágrimas, piden ayuda para empezar de nuevo.Quince minutos bastaron para borrar años de trabajo.

El hotel Yaku, un complejo turístico que desde 2023 se había ganado un lugar entre viajeros nacionales y extranjeros en Mendihuaca, quedó reducido a cenizas tras un incendio que no dio tiempo para salvar casi nada. Lo que era un refugio frente al mar terminó convertido en humo, madera quemada y silencio.

María Alejandra y Jorge Méndez, sus dueños, grabaron un video mientras mostraban lo que fue el hotel y lo que quedó del lugar luego que el fuego lo arrasara por completo. La cámara mostraba el contraste brutal: imágenes del hotel lleno de vida y, segundos después, el mismo espacio destruido.

Ha sido un día demasiado largo y demasiado triste”, dijeron, intentando hablar mientras la voz se quebraba.

El fuego consumió 16 cabañas y tres restaurantes que hacían parte de un proyecto que creció rápido gracias a la experiencia que ofrecía a los huéspedes. Lo que comenzó como un pequeño hostal familiar terminó convirtiéndose en café, bar y complejo turístico reconocido por quienes buscaban tranquilidad frente al mar Caribe. Pero todo terminó en minutos.

El incendio que no dio tiempo

Según relatan los propietarios, el incendio avanzó con una velocidad imposible de controlar. En apenas 15 minutos las llamas arrasaron con estructuras completas.No hubo margen para reaccionar.

Trabajadores del hotel intentaron rescatar lo que pudieron, incluso poniendo en riesgo sus propias vidas. Algunos entraron varias veces entre el humo tratando de sacar pertenencias, equipos y recuerdos.

Los dueños no olvidaron ese gesto.

Agradecieron públicamente a sus empleados, quienes permanecieron hasta el último instante enfrentando la emergencia pese al peligro. Hoy, ellos también quedaron golpeados, sin su lugar de trabajo y sin certezas sobre el futuro.

Un proyecto que era más que un negocio

Yaku no era solo alojamiento. Para sus propietarios era un proyecto de vida.

“Todos los que llegaban acá amaban el lugar”, recordaron.

El hotel nació como una apuesta familiar que creció paso a paso: primero hostal, luego café, después bar y finalmente un complejo turístico consolidado. Cada ampliación significaba nuevas deudas, más esfuerzo y largas jornadas de trabajo.

El fuego no solo quemó las instalaciones”, dijeron. “Quemó madrugadas, sacrificios y sueños”.

Entre los restos aún se distinguen algunos maderos en pie, estructuras torcidas y objetos irreconocibles. Allí donde antes había turistas desayunando frente al mar, hoy solo queda ceniza.

“Es triste que en 15 minutos el fuego acabara con un sueño de tantos años”, expresó la pareja.

El golpe emocional

Más allá de la pérdida económica, lo que más pesa es la sensación de vacío.

“No sabemos qué hacer. Nunca pensamos que esto podía pasar”, confesaron.

Cada rincón del lugar guardaba historias compartidas con viajeros que, según cuentan, terminaron convirtiéndose en amigos. Abrazos, celebraciones, amaneceres y encuentros quedaron reducidos ahora a recuerdos.

En sus redes sociales escribieron un mensaje que resume el momento que atraviesan:

“Hoy nos cuesta respirar al hablar de Yaku… Ver cómo todo aquello que construimos con tanto sacrificio desaparecía en minutos es una herida que todavía arde”.

Dicen que el fuego se llevó todo, menos el alma del proyecto.

Un llamado para volver a empezar

Hoy, los dueños del hotel Yaku enfrentan una realidad distinta: empezar desde cero.Sin infraestructura, sin ingresos y con trabajadores afectados, la familia decidió pedir ayuda a la comunidad y a quienes alguna vez visitaron el lugar.

El llamado es simple: reconstruir lo que el fuego destruyó. Porque Yaku —afirman— no era solo un hotel. Era un espacio donde la gente llegaba buscando descanso y terminaba encontrando hogar.

Ahora, ese hogar depende de la solidaridad para volver a levantarse.

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Mientras el humo ya desapareció y las cenizas se enfrían, queda una certeza dolorosa: lo que tomó años construir puede desaparecer en minutos. Y lo único que permanece es la voluntad de empezar otra vez.


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