
El emotivo regreso de Luci a casa; sobrevivió milagrosamente al accidente del bus en Antioquia
Mientras el país aún despide a los 16 jóvenes que murieron en el accidente del bus en Antioquia, una de las sobrevivientes regresó a su hogar. Su llegada, recibida con aplausos, abrazos y lágrimas, se convirtió en una escena de alivio y gratitud en medio del dolor colectivo.
El dolor no se ha ido. Sigue ahí, presente en los velorios, en las fotos escolares convertidas en retratos fúnebres y en las preguntas que aún no tienen respuesta tras el trágico accidente del bus del Liceo Antioquia. Dieciséis jóvenes no regresaron. Pero uno de los pocos rostros que sí volvió a cruzar la puerta de su casa recordó que, incluso en medio de la tragedia, la vida insiste.
Valerie Luciana Díaz Mazo —Luci para su familia— regresó a casa después de sobrevivir al accidente que estremeció a Antioquia y al país. Su retorno no fue silencioso. La esperaban familiares, vecinos y amigos que, durante días, compartieron la angustia, la oración y el miedo a una llamada definitiva. Cuando apareció, viva, de pie y abrazada por los suyos, el llanto se mezcló con aplausos. Nadie celebraba la tragedia. Celebraban que ella estaba ahí.
La escena quedó registrada en videos que circularon en redes sociales: abrazos largos, rostros marcados por el cansancio emocional y una madre que, al tenerla de nuevo en casa, resumió el sentimiento de muchos con una frase sencilla y contundente: “Agradezco a Dios el tenerte de vuelta”.
Luci es una de las sobrevivientes de un viaje que terminó en desastre. Mientras otras familias enfrentan el golpe irreparable de la pérdida, la suya atravesó días de incertidumbre, hospitales y silencio, esperando noticias que no siempre llegaban claras. La recuperación no ha sido solo física. El peso de haber sobrevivido cuando otros no lo lograron también acompaña el proceso.
El accidente dejó una herida profunda en la comunidad educativa. Las despedidas de los compañeros que murieron siguen frescas, y el duelo colectivo no ha terminado. En ese contexto, el regreso de Luci no borra la tragedia, pero sí ofrece un respiro. Un momento de alivio en medio del caos, una prueba de que no todas las historias terminaron en un ataúd.
Ahora, desde su hogar, la joven continuará su recuperación rodeada de su familia. No hay triunfalismo ni celebración desmedida. Hay silencio, agradecimiento y respeto por quienes no regresaron. Su vuelta no cierra el capítulo del dolor, pero sí deja una imagen poderosa: en medio de la peor noticia, alguien volvió viva para contarlo y para seguir adelante, cargando la memoria de quienes se quedaron en el camino.
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