El caso del «Decapitador de Coveñas»: surgen hipótesis; ¿inestabilidad mental o algo mas oscuro?


Mientras avanzan las investigaciones por el asesinato y decapitación de Carlos Andrés Pantoja Agámez en Bellavista, Coveñas, nuevos testimonios revelan que el crimen no fue tan inesperado como se creyó. Entre señales ignoradas, comportamientos agresivos, rumores de brujería y posibles trastornos mentales, crece el miedo de que el homicida busque escudarse en estas versiones para evitar una condena en cárcel.

En Bellavista todavía se habla en voz baja. A pesar de que han pasado varios días desde que Jhony Feria Julio caminó por las calles del caserío con la cabeza de su víctima entre las manos, la escena sigue incrustada en la memoria del pueblo, un lugar donde la violencia nunca había alcanzado ese nivel de brutalidad.

Pero ahora, con el paso del tiempo, empiezan a aparecer versiones que no se escucharon el primer día. Testimonios que, según muchos, siempre estuvieron ahí, pero que nadie quiso ver con claridad.

“Ese man daba miedo desde antes”

Varios vecinos coinciden: Feria Julio no era un desconocido para las alarmas del barrio. Hablan de cambios de humor repentinos, estallidos sin razón, discusiones súbitas después de tomar alcohol y, sobre todo, una mirada que —dicen— obligaba a apartarse. Una mirada que incomodaba, que hacía sentir que algo no estaba bien en él.

“Uno sabía que en cualquier momento podía pasar algo grave”, cuenta un habitante que prefiere mantener su nombre en reserva.

Esa sensación, sumada a los episodios agresivos que algunos aseguran haber presenciado, dibuja un historial que hoy inquieta mucho más que antes.

La noche en que explotó lo que todos temían

El crimen ocurrió dentro de un billar. Una discusión terminó en un ataque desmedido: golpes, cortes y una ferocidad que muchos testigos describen como inhumana. La víctima, Carlos Andrés Pantoja Agámez, cayó ante la furia del agresor, quien —según relatan— actuó como si no sintiera, como si no pensara.

Lo más aterrador vino después. Feria Julio salió del local, buscó un machete y, con una frialdad que dejó paralizados a quienes lo vieron, decapitó el cadáver. Luego caminó por el pueblo con la cabeza en la mano hasta arrojarla en plena calle. Cuando la policía lo capturó, no opuso resistencia. Dicen que incluso sonreía.

¿Enfermedad mental o algo más oscuro?

A partir de ese punto, el miedo pasó a convertirse en especulación. Algunos señalan que el acusado podría padecer un trastorno mental. Mencionan que durante la captura parecía desconectado de la realidad, ajeno a la gravedad de lo que había hecho.

Pero otros van más allá: aseguran que el hombre practicaba brujería. Hablan de “sombras”, de energías negativas, de rituales que pocos se atrevían a comentar públicamente. En Bellavista, donde la tradición y el temor conviven, estas versiones no sorprenden; lo que inquieta es que ahora, con el crimen consumado, esas historias se interpretan como advertencias que nadie tomó en serio.


“Ese man no era normal”, repite una vecina.

“Uno sentía que cargaba algo encima. No sé si era enfermedad o era otra cosa, pero no era normal”.

Un rompecabezas armado demasiado tarde
Cada detalle que emerge reconstruye una secuencia que, vista en retrospectiva, parece anunciar la tragedia antes de que ocurriera: la agresividad, los cambios de humor, los rumores, la mirada perdida, los silencios incómodos.

La comunidad siente que todos esos elementos estaban ahí, esperando un detonante.

Y el detonante fue aquella discusión en el billar.

El nuevo temor de Bellavista

Aunque el proceso judicial avanza, en Coveñas crece una preocupación distinta: que las versiones sobre su comportamiento extraño, su posible inestabilidad mental o incluso las historias de brujería sean utilizadas para reducir su responsabilidad penal.

Que no vaya a una cárcel, sino a un centro psiquiátrico. Que, con el tiempo, recupere la libertad.

Lea aquí: Tenía 14 años el joven decapitado tras el crimen de niña en Mingueo; hay recompensa de $50 millones

Para muchos habitantes, esa idea es casi tan inquietante como el crimen mismo.


¿Quieres pautar

con nosotros?