
Dos mujeres iban felices a su primer día de trabajo y se mataron en la motocicleta que viajaban
El siniestro ocurrió en el sector Aguas Frías, donde una motocicleta perdió el control en una pendiente y terminó varios metros abajo, causando la muerte de sus ocupantes.
Un mal cálculo en una vía empinada las sacó del camino y las lanzó al vacío. Murieron en el sitio.
Iban en moto. Temprano. Con la rutina marcada por la necesidad. Era su primer día de trabajo, o al menos así lo sentían: como una oportunidad, como una jornada más para resolver el día. Pero no avanzaron mucho.
En el sector Aguas Frías, una zona rural del municipio de Tiquisio, sur de Bolívar, la motocicleta en la que se movilizaban perdió estabilidad. El terreno es irregular. Las pendientes son exigentes. El margen de error es mínimo. Y el error llegó.
En cuestión de segundos, la moto se salió de la vía y descendió violentamente por una ladera. Rodó varios metros hasta detenerse entre piedras, cerca de un afluente. El golpe fue definitivo. Ahí quedaron.
Las víctimas fueron identificadas como Kelly López y una adulta mayor conocida como Estebana. Dos mujeres que habían salido con el mismo objetivo: trabajar, producir, responder por sus familias.
No hay una versión única sobre a dónde iban. Algunos aseguran que se dirigían a una mina de oro. Otros dicen que transportaban pescado para vender en un negocio donde habían sido contratada. Versiones que no se cruzan, pero que coinciden en algo: iban a rebuscarse el sustento. No llegaron.
El impacto no fue solo en sus cuerpos. Fue en todo un territorio acostumbrado a sobrevivir en condiciones difíciles.
Sus cuerpos fueron trasladados inicialmente a Magangué. Luego regresaron a sus comunidades. Y ahí comenzó otra escena: la del dolor.
Kelly López deja varios hijos. Una ausencia que no se llena. Un golpe directo a una familia que dependía de ella.
Estebana, oriunda de Puerto Arena, ya había vivido lo suficiente para conocer la dureza del territorio. Pero ni eso la salvó. Su vida terminó en el mismo camino que muchos recorren a diario sin saber que puede ser el último.
Aún no se ha confirmado qué relación tenían entre ellas. Pero hoy ese dato es irrelevante. Murieron juntas. Y eso basta para entender la dimensión de la pérdida.
En sectores como Payandé, la noticia se esparció rápido. Sin filtros. Sin contexto. Solo el impacto.Porque ese camino no es nuevo. Porque lo conocen. Porque lo transitan todos los días. Y aun así, fue mortal.
La tragedia vuelve a poner en evidencia una realidad que se repite en silencio: las vías rurales siguen siendo una amenaza constante. Terrenos inestables, pendientes peligrosas y ausencia de condiciones mínimas convierten cada trayecto en una apuesta. Aquí no hay margen para fallar. Ellas fallaron una vez. Y no hubo segunda oportunidad.
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