Dormía en su casa y un misil la mató: la historia de la madre cartagenera que murió en los bombardeos en Venezuela


La mujer de 45 años, murió en El Hatillo, estado Miranda, tras el impacto de un misil durante un bombardeo ejecutado por Estados Unidos en Venezuela. Era madre de tres hijos y había emigrado hace varios años. Su hija sobrevivió gravemente herida.

Mientras en distintos países se hablaba del fin del régimen de Nicolás Maduro y se celebraba la operación militar denominada Resolución Absoluta, en una finca del municipio de El Hatillo, estado Miranda, la guerra escribió otra historia: la de una mujer civil que no tenía nada que ver con el poder, ni con la política, ni con los discursos triunfalistas.

Yohana Rodríguez Sierra, cartagenera de 45 años, madre de tres hijos y trabajadora independiente, murió en la madrugada del sábado 3 de enero tras el impacto de un misil lanzado durante los bombardeos en Venezuela. La alcanzó mientras intentaba ponerse a salvo junto a su hija, después de despertar sobresaltada por las explosiones.

Yohana había nacido en Cartagena y tenía raíces familiares en el corregimiento de Bayunca. Desde hacía varios años vivía en Venezuela, adonde emigró buscando mejores oportunidades, antes de la crisis de ese país. Era madre soltera y el sostén de su hogar. Con esfuerzo logró sacar adelante a sus hijos, viajando constantemente entre Caracas y Colombia para trabajar.

La noche del ataque dormía junto a su hija Ana Corina, de 22 años, en una quinta ubicada dentro de una finca donde, según sus familiares, funcionaban antenas de televisión y telecomunicaciones. Ese detalle, creen, convirtió el lugar en objetivo militar.

La primera explosión ocurrió cerca de la 1:00 de la madrugada. El estruendo las despertó. Asustadas, salieron al patio tratando de huir. No alcanzaron. Un misil cayó sobre el lugar.

La llamada de desespero

Yohana murió de manera inmediata. Ana Corina quedó gravemente herida, pero sobrevivió. Fue ella quien, desde el mismo sitio del impacto, logró comunicarse con su familia en Colombia.

“Nos llamó llorando, diciendo que nos estaban matando, que habían matado a su mamá, que no sabía qué estaba pasando y que creía que no nos volveríamos a ver”, relató una familiar.

La llamada fue corta, caótica, marcada por el ruido de las explosiones y el miedo. Después, el silencio.

Ana Corina fue trasladada a un centro asistencial, donde recibió atención médica. Hoy se encuentra fuera de peligro, pero con heridas físicas y una marca emocional que su familia sabe que será permanente.

Los allegados de Yohana aseguran que no fue la única víctima civil en ese sector de El Hatillo. Afirman que hubo más muertos, aunque muchos casos no han sido visibilizados públicamente. Para ellos, la operación militar dejó un saldo humano que no aparece en los balances oficiales.

La indignación atraviesa el duelo. La familia cuestiona la forma en la que se ejecutó el operativo y el impacto que tuvo sobre población civil inocente.

“No hubo conciencia humana. No hubo respeto por la vida de los que no tenían nada que ver. Son muchas las personas que murieron”, expresó uno de sus familiares, con rabia contenida.

A la pérdida se suma otro golpe: el cuerpo de Yohana no podrá ser repatriado a Colombia. Su despedida será a la distancia.

“Nos tocará ver su sepelio por una transmisión en vivo. No podremos traerla. Dicen que es una muerte de guerra”, contó la familia, resignada a despedirse a través de una pantalla.

El dolor es aún mayor al recordar que Yohana y su hija tenían planes inmediatos de viaje. Llevaban dos años sin visitar Colombia. En diciembre habían comprado tiquetes para venir, con la ilusión de celebrar la graduación de enfermería de Ana Corina. Los problemas diplomáticos impidieron el viaje y lo aplazaron para febrero. Ese regreso nunca ocurrirá.

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Hoy, su familia alza la voz para que el nombre de Yohana Rodríguez Sierra no quede sepultado entre comunicados oficiales, celebraciones políticas o cifras abstractas. Quieren que se sepa que en medio de una operación militar internacional murió una mujer trabajadora, una madre, una cartagenera que solo buscaba vivir y sacar adelante a sus hijos.Una víctima civil más de una guerra que, para muchos, se contó como victoria, pero que para una familia en Colombia se convirtió en una tragedia irreversible.


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