Disidentes de las FARC estrenan camionetas: robaron dos camiones niñera con 17 Toyotas


Un comando armado cerró la vía a la altura de Santander de Quilichao y desvió dos camiones niñera hacia zonas rurales, en una operación relámpago que vuelve a exponer el dominio ilegal sobre un corredor clave del suroccidente.

Lo ocurrido en la tarde del jueves 15 de enero en la vía Panamericana fue mucho más que un robo millonario. A plena luz del día, un grupo de aproximadamente 15 hombres armados se tomó la carretera a la altura de Santander de Quilichao y actuó como si fuera la única autoridad en el territorio.

Los hombres, que se movilizaban en camionetas y motocicletas, cerraron el paso, intimidaron con armas de fuego a los conductores y detuvieron dos tractocamiones tipo niñera que transportaban 17 camionetas Toyota de alta gama, recién salidas de ensambladoras. Sin resistencia y en cuestión de minutos, decidieron el destino de los vehículos, desviándolos hacia zonas rurales de Timba y Buenos Aires.

El asalto dejó en evidencia una práctica cada vez más recurrente en el norte del Cauca: grupos armados ilegales que operan al margen de la ley y se comportan como dueños absolutos de las vías. Imponen sus reglas, controlan el tránsito, deciden quién avanza y quién se detiene, y desafían abiertamente la autoridad del Estado, convirtiendo corredores estratégicos en territorios bajo su dominio.

Las autoridades atribuyen el hecho a la estructura Jaime Martínez de las disidencias de las FARC, organización que mantiene influencia armada en esta región, un corredor históricamente golpeado por la extorsión, el narcotráfico y la intimidación constante a transportadores y comunidades.

Tras el asalto, los conductores fueron hallados ilesos poco después, pero los vehículos desaparecieron. Habitantes del sector reportaron avistamientos de los camiones y de las camionetas en predios apartados, lo que reforzó la hipótesis de que el botín fue ocultado estratégicamente en zonas rurales de difícil acceso.

“La Policía activó inmediatamente un dispositivo especial articulado con las Fuerzas Militares, la Fuerza Aeroespacial y componentes de inteligencia, estableciendo la posible ubicación de los automotores hurtados en zona limítrofe con el Valle del Cauca”.

Bajo la operación Escudo del Norte, se desplegó un operativo conjunto con drones, inteligencia y unidades de contraguerrilla, que permitió ubicar los dos camiones niñera abandonados y vacíos en lotes rurales cercanos al Valle del Cauca. No obstante, las 17 camionetas continúan en poder de los responsables.

Las labores de búsqueda se concentran ahora en sectores como Naya y Timba, donde las autoridades presumen que los automotores permanecen ocultos. Mientras tanto, el episodio reaviva la preocupación por la seguridad en la ruta Popayán–Cali, una de las principales arterias del suroccidente colombiano.

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El golpe no solo representa una pérdida económica significativa, sino que expone una realidad más profunda: la persistencia de estructuras armadas que, a través del miedo y las armas, intentan imponer su propia “ley” y consolidar control territorial en una región donde el tránsito legal y la vida cotidiana siguen bajo amenaza.


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