
Delcy Rodríguez regula su discurso y anuncia nuevos acercamientos con Estados Unidos
Delcy Rodríguez —quien en semanas anteriores rechazó la “injerencia extranjera”— afirmó ahora que sostendrá reuniones con el presidente de Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio para “fortalecer la alianza” y avanzar una agenda de cooperación bilateral.
La transformación del discurso es radical. Hace apenas días, la presidente de Venezuela Delcy Rodríguez se plantó frente a medios y diplomáticos asegurando que no permitiría “órdenes ni condiciones” de potencias extranjeras respecto a la soberanía de Venezuela.
Ahora, en un acto oficial desde el Palacio de Miraflores, confirmó que no solo hubo contacto directo con Washington, sino que se está construyendo una hoja de ruta para encuentros concretos con altos funcionarios estadounidenses, incluidos Donald Trump y Marcos Rubio.
En el anuncio, Rodríguez aseguró que un diálogo telefónico posibilitó avances en temas clave que afectaban la economía venezolana, como la reapertura del espacio aéreo comercial, suspendido durante años, y el impulso a nuevas inversiones, en especial en sectores estratégicos como el energético.
“Que vengan todas las aerolíneas… que lleguen los inversionistas que tengan que llegar”, enfatizó, dejando ver una postura que contrasta con sus reiterados rechazos a lo que antes calificaba de “injerencia estadounidense”.
Las declaraciones oficiales coinciden con mensajes públicos de Trump sobre la reanudación de vuelos comerciales y la intención de facilitar negocios entre empresas estadounidenses y venezolanas, después de años de sanciones y tensiones que definieron las relaciones bilaterales.

Del rechazo a la cooperación
La percepción pública de este viraje es evidente: figuras del gobierno venezolano que durante meses denunciaron cualquier forma de influencia extranjera ahora aparecen promoviendo cooperación formal con Washington. Este cambio se da en medio de movimientos simultáneos, como la aprobación de reformas legales para abrir sectores productivos al capital privado y extranjero, y el levantamiento parcial de sanciones por parte de Estados Unidos bajo condiciones específicas.
El contraste es marcado. Mientras hace poco Rodríguez advertía que Venezuela no cedería espacios a dictados foráneos, ahora plantea reuniones “por el bienestar común” con figuras del gobierno estadounidense, un mensaje que para muchos analistas representa una redefinición de política exterior y económica.

Tensiones latentes detrás del acercamiento
A pesar de estas señales de apertura, el entorno diplomático sigue cargado de advertencias y condiciones. Líderes estadounidenses han dejado claro que la cooperación está condicionada a cambios estructurales, especialmente en sectores como el energético y la transparencia institucional. Las advertencias de funcionarios como Rubio ante el Congreso de su país, donde incluso se plantea que una falta de colaboración podría tener consecuencias, subrayan que el acercamiento no está exento de presión.

El resultado es un panorama político tenso: un gobierno venezolano que abandona retóricas de rechazo frontal para entablar conversaciones con Washington, y una potencia estadounidense que acepta el diálogo, pero con condiciones explícitas y claros límites.
El telón de fondo de este proceso extraordinario sigue siendo la compleja realidad venezolana: una economía debilitada, reformas legales controvertidas y una sociedad que observa, expectante, cómo lo que era rechazo ahora se convierte en regulación y pronunciamientos de reuniones que podrían cambiar la relación bilateral después de años de confrontación.
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