
Degolló a su hija de siete años para que no pasara el Día de las Velitas con su mamá
La menor fue asesinada por su padre en Soledad. El mensaje previo a la madre y la carta hallada en la casa revelan que el crimen estuvo anunciado.
No fue un accidente, no fue un arrebato: él la mató porque no soportaba que pasara el Día de las Velitas con su mamá. Así de brutal. Así de simple.
La niña Alberianys Paola Fontalvo Rosado, de siete años, fue degollada por su padre, Albeiro Rafael Fontalvo Hernández, dentro de su casa en el barrio Primero de Mayo, en Soledad. Minutos antes, había enviado un mensaje que lo decía todo: “no iba a ser ni para él ni para ella”. Y cumplió su amenaza con una crueldad que tiene al Atlántico entero conmocionado.
La madrugada del horror
Lisbeth Paola Rosado, la mamá, se alistaba para recoger a su hija y compartir con ella los días festivos. No imaginó que, mientras esperaba el amanecer, en la casa del padre se consumaba un crimen anunciado.
De acuerdo con las primeras investigaciones, Albeiro tomó una cuchilla y cortó el cuello de la niña dentro de la vivienda. Después intentó herirse para simular un suicidio fallido. Cuando los vecinos escucharon ruidos extraños y salieron corriendo a alertar a la Policía, ya era tarde.
Los uniformados entraron y encontraron una escena que paralizó incluso a los más experimentados: la niña muerta en el piso y el padre agonizando sobre la sangre que él mismo derramó.

La carta que explica lo inexplicable
En el cuarto, junto al cuerpo, había una carta escrita por el asesino antes del crimen. Un texto perturbador que demuestra que actuó convencido, decidido, sin arrepentimiento:
“Te dije que no te voy a dar a mi hija… esta fecha la vas a recordar por siempre… pido perdón a mi familia… no lo hago por cobardía, lo hago porque mi palabra vale…”
Cada palabra es una confirmación: él sabía lo que iba a hacer y lo hizo porque quiso.
Un barrio en shock, una madre destruida
Primero de Mayo quedó mudo. Vecinos lloran, otros no entienden, otros murmuran que nunca habían visto algo tan salvaje. La niña jugaba en esas mismas calles días antes; hoy, esas calles miran la casa acordonada.
Lisbeth, la madre, recibió el impacto más cruel: el mensaje que la inquietó en la noche era la advertencia del crimen más atroz que podía imaginar. Su hija estaba muerta. Nada podía cambiarlo.
El padre permanece bajo custodia médica y será judicializado en las próximas horas. La Fiscalía analiza cada detalle, incluida la carta que lo incrimina sin espacio para dudas.
Soledad está indignada, furiosa, estremecida.

Y mientras el país intenta procesar el asesinato de una niña a manos de su propio padre, queda una verdad que duele decir pero que no se puede ocultar:
A Alberianys Paola la mataron por venganza. La mataron para hacerle daño a su mamá. La mataron porque un adulto decidió que su palabra valía más que la vida de su hija.
Una crueldad que Colombia no olvidará.
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