De policía condecorado a falso criminal de “Los Costeños”: el exsuboficial que terminó destruido tras una captura que un juez tumbó


El suboficial pensionado de la Policía Nacional, pasó de servir más de 30 años a terminar esposado, señalado de integrar “Los Costeños” y expuesto públicamente como delincuente. Un juez declaró ilegal su captura y ahora exige una retractación oficial.

A Abraham Segundo Omar Pérez lo mostraron ante la opinión pública como si fuera un peligroso criminal de Barranquilla.

Su fotografía circuló en medios y redes sociales. Las autoridades lo identificaron bajo el alias de “El Mono” y lo relacionaron con la estructura criminalLos Costeños”. El operativo fue presentado como un golpe contra el delito. Pero el caso se vino abajo posteriormente.

Un juez de control de garantías declaró ilegal la captura y desmontó la acusación después de comprobar que las municiones y el dinero que le incautaron estaban amparados por la ley.

El exsuboficial salió libre. Sin embargo, asegura que su vida quedó destruida.

De policía condecorado a señalado integrante de “Los Costeños”

El caso golpeó especialmente porque Abraham Segundo Omar Pérez no era un desconocido dentro de la institución.

Durante 30 años, 9 meses y 25 días sirvió en la Policía Nacional. En su hoja de vida aparecen 60 felicitaciones escritas y 17 medallas por desempeño. Terminó pensionado y en uso de buen retiro.

Por eso, cuando vio su rostro expuesto públicamente como supuesto integrante de una organización criminal, asegura que sintió que toda su carrera se desplomó en segundos.

Las audiencias preliminares terminaron con una decisión demoledora para el procedimiento policial: los cargos por presunto tráfico de armas se cayeron por falta de evidencias y el juez ordenó su libertad inmediata.

Aun así, el daño ya estaba hecho.

El hombre, de 59 años, permanece vinculado a la investigación, recibe tratamiento psicológico y asegura que la difusión masiva de su imagen afectó gravemente a su familia tanto en Medellín como en Urabá

El operativo de la SIJIN que terminó cuestionado

Todo comenzó el 16 de octubre de 2025 en una vivienda del barrio Rebolo, en el suroriente de Barranquilla, propiedad de la madre del exuniformado.

Hasta el lugar llegaron agentes de la Seccional de Investigación Criminal con una orden de allanamiento. Durante el procedimiento encontraron 8.740.000 pesos en efectivo y 200 cartuchos.

La escena fue suficiente para construir públicamente la narrativa de una supuesta operación criminal.

Pero, según el expediente judicial, el exsuboficial entregó desde el inicio los documentos que acreditaban la legalidad de las municiones. Presentó facturas de compra expedidas por Industria Militar y permisos de porte vigentes.

También explicó el origen del dinero.

Afirmó que esos recursos iban a ser utilizados para comprar una motocicleta en Antioquia y evitar costos tributarios relacionados con trámites de tránsito.

La defensa sostiene que toda esa información estaba disponible desde el primer momento del operativo.

“Me trataron como delincuente”

Después de recuperar la libertad, Abraham Segundo Omar Pérez decidió ir más allá y denunciar presuntas irregularidades ocurridas mientras permaneció detenido durante 48 horas en calabozos y en la URI.

En su declaración aseguró que fue llevado a zonas sin cámaras de seguridad, que intentaron obligarlo a firmar hojas en blanco y que restringieron medicamentos destinados a su madre durante el procedimiento.

Además, denunció inconsistencias en la cadena de custodia de los elementos incautados.

Según su versión, al momento de la devolución encontró un faltante de 520.000 pesos y 20 cartuchos menos frente a lo inicialmente registrado.

Ahora su defensa busca el cierre definitivo del proceso penal ante la Fiscalía General de la Nación y una retractación pública de la institución.

El expolicía sostiene que el comunicado aclaratorio emitido posteriormente por la Policía fue insuficiente porque omitió mencionar que era un suboficial pensionado con más de tres décadas de servicio.
Para él, el golpe más duro no fueron las esposas ni las horas detenido.

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Fue ver cómo lo convirtieron públicamente en “El Mono” antes de que un juez concluyera que lo que tenía en su casa era completamente legal.


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