De la fiesta al hospital: paseo en estado de embriaguez terminó en violento choque en la rotonda de La Piragua


Un grupo de jóvenes que salió de una fiesta en avanzado estado de alicoramiento chocó violentamente contra un poste en la Troncal del Caribe. La mujer ocupante falleció por el impacto.

La celebración terminó contra un poste. Lo que comenzó como una noche de fiesta, risas y excesos terminó en segundos de miedo cuando un vehículo que se movilizaba a alta velocidad por la Troncal del Caribe se estrelló de frente contra una estructura metálica en la rotonda de La Piragua, en Santa Marta.

Dentro del carro viajaba un grupo de amigos, entre ellos una mujer, que minutos antes había salido de una reunión social en evidente estado de embriaguez. Según testigos, el vehículo avanzaba a gran velocidad antes del impacto, sin que el conductor lograra controlar la dirección al llegar a la glorieta.

El golpe fue violento.

El estruendo alertó a quienes se encontraban cerca del sector. El automóvil quedó prácticamente destruido en su parte frontal, con piezas regadas sobre la vía y el motor reducido a un amasijo de hierro.

Los ocupantes quedaron aturdidos y con múltiples golpes producto del impacto. Algunos presentaban lesiones leves, otros más severos y signos evidentes del consumo de alcohol, mientras intentaban comprender lo ocurrido en medio del caos y la adrenalina.

La escena pasó rápidamente de la euforia al silencio incómodo. Minutos antes celebraban; ahora esperaban ayuda tirados al borde de la carretera.

Unidades de emergencia llegaron al lugar y trasladaron a los involucrados a un centro asistencial de la ciudad, donde se reportó el fallecimiento de la mujer.

Del exceso al “guayabo moral”

El accidente dejó una imagen contundente: un vehículo completamente destruido y un grupo de jóvenes enfrentando las consecuencias de conducir bajo efectos del alcohol.

Fuentes médicas confirmaron que los pacientes presentaban golpes de consideración, mientras familiares llegaron al hospital entre preocupación y reclamos por lo ocurrido.

La madrugada terminó lejos de la música y la fiesta. En su lugar quedaron vendas, lágrimas y un inevitable lamento, ese que llega cuando la diversión se convierte en consecuencia.


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