Cuidado con las playas bandera roja en Santa Marta por su alto peligro para bañistas; estas son las playas óptimas para disfrutar


Santa Marta se mantiene llena de visitantes en temporada alta, pero no todas sus playas ofrecen las mismas condiciones de seguridad. Mientras algunas zonas están habilitadas y vigiladas, otras esconden corrientes traicioneras y riesgos que cada año dejan víctimas. Con la voz de expertos, salvavidas y guías locales, este es el mapa real del mar samario: dónde disfrutar y dónde no entrar.

Santa Marta tiene un privilegio natural: playas urbanas, bahías tranquilas y escenarios vírgenes a pocos kilómetros. En temporada turística, El Rodadero vuelve a ser el epicentro del turismo familiar. Oleaje moderado, presencia de salvavidas y servicios lo convierten en una de las zonas más frecuentadas.

Aquí el riesgo no es el mar sino la confianza excesiva. La gente cree que porque hay hoteles y comercio todo es seguro”, explica Luis Martínez, salvavidas con más de 15 años de experiencia en playas urbanas.

“Cuando respetan las zonas señalizadas, el mar se puede disfrutar sin problemas”.

En el mismo grupo están Bello Horizonte y Pozos Colorados, sectores con aguas más calmadas, especialmente recomendados para niños y adultos mayores, siempre que no haya alertas por viento o mar de fondo. Un poco más distante están Taganga y Playa Grande, dos ensenadas de aguas tranquilas y cristalinas que permiten vivir una experiencia inolvidable.

Más allá de la ciudad, el Parque Tayrona ofrece playas que, bajo orientación, son seguras y disfrutables. Playa Cristal y Cabo San Juan del Guía figuran entre las más visitadas.

El secreto es escuchar al guía y al guardaparque. Hay días en que el mar cambia en minutos”, advierte Jorge Redondo, guía certificado del Tayrona.

Playa Cristal es tranquila, pero si el viento arrecia, se restringe el baño. Eso no es capricho, es prevención”.

Donde el mar no perdona: playas que deben evitarse

No todas las playas del Tayrona están hechas para nadar. Arrecifes es, quizá, el ejemplo más claro. Su belleza engaña: mar abierto, corrientes de retorno y oleaje fuerte la convierten en una de las zonas más peligrosas del Caribe colombiano.

Arrecifes no es una playa para bañarse. Cada año hay rescates y muertes porque la gente ignora las señales”, señala un guardaparque.

“El problema no es la falta de advertencia, es que no las obedecen”.

Algo similar ocurre en sectores abiertos de Taganga y algunas playas vírgenes fuera del circuito turístico, donde no hay vigilancia ni señalización. Allí, el mar cambia rápido y una corriente puede arrastrar incluso a nadadores expertos.

El riesgo silencioso: confianza, alcohol y desconocimiento

Los expertos coinciden en que el mayor enemigo del turista no es el mar, sino la subestimación del peligro. Alcohol, exceso de confianza, desconocimiento del lugar y la ausencia de salvavidas convierten una tarde de vacaciones en tragedia.

Muchos accidentes ocurren cuando la gente se mete al agua después de beber o ignora la bandera roja”, explica Martínez. “El mar no avisa dos veces”.

Santa Marta no es una ciudad peligrosa por su mar, pero sí una ciudad donde el mar exige respeto. Son poco más de 16 playas habilitadas que ofrecen disfrute si se siguen las normas; las no aptas cobran vidas cuando se desafían.

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En vacaciones, la recomendación es simple y urgente: preguntar, observar y obedecer. Porque en Santa Marta, el mismo mar que enamora también puede matar.


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