
Cuatro meses después de matar a su esposo, sicarios volvieron y asesinaron a la madre: tres hijos quedan solos
La mujer, conocida como “La Mona”, fue asesinada a plena luz del día en el barrio Alfonso López. Hace apenas cuatro meses, su pareja también había sido ejecutada dentro de su casa. La violencia acabó con una familia entera.
Se repitió la tragedia. A Ana Yolima Sossa la siguieron, la alcanzaron y le dispararon por la espalda, directo a la cabeza. Cayó de la motocicleta y quedó tendida en plena calle, agonizando, mientras la vida se le escapaba frente a decenas de personas que, en un primer momento, pensaron que se trataba de un accidente. No lo era.
Cuando se acercaron, vieron la herida. El disparo. El silencio que dejó su respiración al apagarse. Ya no había nada que hacer.
Eran cerca del mediodía de este miércoles 18 de marzo cuando el ataque sicarial sacudió al barrio Alfonso López. Ana, conocida como “La Mona”, se movilizaba por una de las calles del sector cuando fue interceptada por hombres armados que se desplazaban en otra motocicleta.
Una escena dolorosa
La ejecución fue rápida y precisa.
Minutos después, la escena se volvió aún más dolorosa. Sus tres hijos llegaron al lugar. La encontraron en el suelo, sin vida. Se abrazaron frente a su cuerpo, sin entender cómo la violencia les arrebataba a su madre, igual que ya lo había hecho con su padre meses atrás.
El crimen de su esposo
Hace apenas cuatro meses, la familia ya había sido golpeada por el crimen. Lucio Toledo Zúñiga, pareja de Ana, fue asesinado dentro de su propia casa en el barrio 17 de Diciembre. Hombres armados irrumpieron mientras veía un partido de fútbol y le dispararon sin darle oportunidad de defenderse.
Hoy, la historia se repite con una crudeza aún más devastadora: los hijos quedaron completamente solos.
Ana no era una mujer desconocida en la ciudad. Era una trabajadora de calle, de esas que se levantan temprano a rebuscarse la vida. Vendía tinto en el mercado público, caminaba largas jornadas bajo el sol, sosteniendo a su familia con lo poco que lograba reunir cada día.
No tenía antecedentes, no tenía enemigos conocidos. Era, según quienes la conocían, “una mujer de bien”. Pero eso no la salvó.
Las primeras hipótesis que manejan las autoridades apuntan a una posible deuda que la pareja no habría podido pagar. Sin embargo, esa versión aún no es concluyente y no se descartan otras líneas de investigación. Lo cierto es que el patrón de violencia que rodea este caso —dos asesinatos en menos de medio año dentro del mismo núcleo familiar— enciende todas las alarmas.
Al lugar llegaron unidades del CTI de la Fiscalía para realizar el levantamiento del cuerpo e iniciar las investigaciones.
La escena fue la misma de siempre: curiosos alrededor, llanto contenido, impotencia. Pero esta vez había algo más pesado en el ambiente. No era solo un crimen. Era el cierre brutal de una historia que ya venía rota.
Tres hijos abrazados frente al cuerpo de su madre. Sin respuestas. Sin protección. Sin nadie.
Lea aquí: Murió el joven de 17 años que le propinaron un tiro en la cabeza en medio de fiesta en Minca
En Santa Marta, la violencia no solo mata. También repite la tragedia. Y cuando lo hace, no deja nada en pie.
PAUTE
AQUÍ
420 px x 450 px
INFO AQUÍ
