Creciente súbita arrasó una motocicleta y se llevó a una madre con sus hijas


Las lluvias desataron una avenida súbita que sorprendió a las cuatro mujeres cuando intentaban atravesar el afluente. La comunidad presenció escenas de pánico e inició una búsqueda desesperada junto a los organismos de socorro. Horas después fueron hallados los cuerpos de Adriana Ante y de sus dos niñas; la sobreviviente, Olga Lucía Sánchez, permanece hospitalizada con pronóstico reservado.

Una madre y sus dos hijas de 3 y 5 años murieron arrastradas por una creciente mientras cruzaban en motocicleta una quebrada en el corregimiento de Santa Lucía, Tuluá; la cuarta mujer que las acompañaba fue rescatada con vida entre el barro y las piedras.

El agua no avisó. Subió de repente, como si la quebrada hubiera decidido tragarse el camino entero. Adriana Ante aceleró la motocicleta con la idea de ganar el otro lado, con sus dos hijas aferradas a su cuerpo y una amiga detrás. Era un cruce de esos que se hacen todos los días en Santa Lucía, pero esta vez la corriente fue más rápida que cualquier reflejo.

Los vecinos escucharon primero el sonido fuerte del caudal y después los gritos. Cuando salieron, la escena ya era un remolino de miedo: cuatro mujeres luchando por no caer, la moto ladeada, el agua golpeando como pared. En segundos todo se deshizo. La creciente se las llevó cuesta abajo sin darles tiempo de nada.

El corregimiento entero se volcó a buscarlas. Hombres con sogas, mujeres descalzas metidas en el barro, jóvenes iluminando con linternas improvisadas. Nadie quería creer que aquel paseo de domingo se hubiera convertido en una sentencia. “El río se puso bravo de repente”, repetían, como si así pudiera explicarse lo inexplicable.

Horas después apareció la verdad que nadie quería nombrar. Entre ramas y piedras fueron encontrados los cuerpos de Adriana y de sus dos niñas, de 3 y 5 años. Las sacaron en silencio, envueltas en sábanas, mientras el pueblo se rompía en llanto. No hubo milagro para ellas.

La única que logró ganarle a la corriente fue Olga Lucía Sánchez, la cuarta acompañante. La rescataron golpeada, llena de lodo, casi sin fuerzas. Alcanzó a decir que el agua las volteó como si fueran de papel. Fue llevada de urgencia a un centro asistencial, donde sigue bajo observación. Su cuerpo sobrevivió; el resto de ella quedó atrapado en la quebrada.

El secretario de Gobierno de Tuluá, José Martín Hincapié, confirmó la tragedia y el traslado de los cuerpos a Medicina Legal. Anunció que la Alcaldía asumirá los gastos funerarios y que se activaron los protocolos de atención. Las palabras oficiales sonaron pequeñas frente al dolor de una familia que regresó a casa sin tres de los suyos.

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Lo que queda es un vacío que no cabe en los informes: una madre que salió con sus hijas y no volvió, un pueblo que vio cómo la corriente les arrebató la vida, y una sobreviviente que tendrá que aprender a respirar con ese recuerdo golpeándole el pecho para siempre.


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