Córdoba vive dramática emergencia: 13 mil familias lo perdieron todo bajo el agua


Las lluvias desbordaron el río Sinú y múltiples afluentes, obligando a evacuar a cientos de hogares, especialmente en Canalete, donde tres puentes se vinieron abajo y 600 familias fueron llevadas a albergues. El gobernador Erasmo Zuleta pidió apoyo aéreo del Ejército para rescatar a comunidades aisladas, mientras las autoridades advierten que el invierno podría prolongarse y agravar la crisis humanitaria.

Córdoba está bajo el agua: 15 municipios inundados, más de 13 mil familias damnificadas, puentes colapsados y veredas enteras incomunicadas por un frente frío que convirtió ríos y caños en trampas de lodo y desesperación.

El agua se metió por las puertas, trepó por las paredes y terminó mandando donde antes había calles y patios. En Córdoba ya no se camina: se nada, se rema, se sobrevive. Quince municipios quedaron atrapados por inundaciones que no dieron aviso y más de 13 mil familias miran desde albergues o techos cómo su vida flota convertida en basura.

Canalete es el rostro más duro de la tragedia. Allí tres puentes se partieron como si fueran de cartón y dejaron a veredas completas del otro lado del mundo. Las carreteras desaparecieron bajo corrientes marrones, las parcelas se volvieron lagunas y las casas quedaron con el agua al pecho. Donde ayer había tierra firme, hoy solo se ve un espejo sucio que arrastra todo.

Seiscientas familias fueron sacadas a un albergue urbano con lo que llevaban puesto. Muchos no alcanzaron a salvar ni un colchón. Las autoridades saben que esa cifra es apenas un comienzo: hay caseríos a los que nadie ha podido entrar porque no existen vías y las lanchas no dan abasto.

En Nueva Berlín el golpe fue total. Dieciocho hogares perdieron en horas lo que habían construido en años: neveras, camas, pequeños negocios, cuadernos de los niños. Una mujer contó que el agua le llegó de madrugada y solo tuvo tiempo de subir a sus hijos a una mesa. Lo demás se lo llevó la corriente.

La emergencia no se queda en un solo punto. En Montería y sus corregimientos Loma Verde, Las Palomas, Santa Lucía y Leticia la gente pasó la noche en vela, refugiada en puntos altos mientras el nivel seguía subiendo. Marimba, Caña Flecha, El Caoba y San Miguel amanecieron aisladas, con los caminos borrados y las viviendas convertidas en balsas improvisadas.

El gobernador Erasmo Zuleta admitió que el departamento quedó corto. Pidió con urgencia helicópteros del Ejército para evacuar a familias atrapadas y acelerar la llegada de comida y agua.

La magnitud superó nuestra capacidad”, reconoció, mientras equipos militares y Defensa Civil intentan abrirse paso entre corrientes que no ceden.

La alcaldesa de Canalete, Yeis Lenis Simanca, lo dijo sin rodeos: “Cientos de familias lo perdieron todo y necesitan ayuda inmediata”. Las lanchas rescatan ancianos, niños y animales, pero cada viaje revela nuevas zonas sumergidas.

El peligro sigue vivo. El río Sinú permanece crecido y los suelos están saturados, listos para otro desbordamiento. Los hospitales se preparan para brotes de enfermedades por el agua estancada. Los albergues ya se quedan cortos y la comida comienza a escasear.

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Córdoba no enfrenta solo una inundación, enfrenta un derrumbe social. Son 13 mil hogares que amanecieron sin nada, pueblos partidos en dos, campesinos que ya no saben dónde sembrar ni dónde dormir. El cielo continúa gris y cada nube parece una amenaza.


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