Conquistadores, Gaitanistas y Primos: la disputa que convirtió al norte del Magdalena en zona de muerte


El 2025 cerró con 610 homicidios en el Magdalena. Son 47 muertos más que en 2024. La disputa criminal por el control del territorio convirtió a Zona Bananera en el municipio más sangriento del norte del departamento y confirmó que la violencia no solo persiste, sino que se profundiza.

En el Magdalena, el año no terminó con balances ni celebraciones. Terminó con cadáveres. Uno tras otro. 610 personas asesinadas hasta ahora en 2025, frente a 573 del año anterior. El aumento es del 6,5 %, pero el impacto real no cabe en una cifra: familias rotas, territorios sitiados y comunidades que aprendieron a vivir con el miedo.

Los expertos coinciden en una causa central: la guerra criminal entre tres grupos armados se recrudeció. Microtráfico, extorsión, control de rutas y dominio social se disputan a bala limpia.

Tres grupos, un mismo escenario: el territorio

La confrontación no es nueva, pero sí más violenta. A la histórica disputa entre las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) se sumó Los Primos, una estructura que se separó de las AGC y hoy pelea espacios en Aracataca, Fundación y Pivijay.

El resultado es un mapa fragmentado, con municipios convertidos en campos de batalla, donde el control se impone con asesinatos selectivos y mensajes de terror.

Zona Bananera: del cultivo al cementerio

El caso más alarmante es Zona Bananera. 109 homicidios en un solo año. Nunca antes este municipio agrícola había superado a Ciénaga en número de asesinatos. Hoy encabeza la estadística de la muerte en el norte del Magdalena, solo después de la capital Santa Marta.

En las últimas horas, dos personas fueron asesinadas dentro de una vivienda. No fue un hecho aislado.

Es parte de una rutina violenta que mezcla microtráfico, extorsión y control armado, mientras la población queda atrapada en medio.

El corredor de sangre del norte

Zona Bananera no está sola. Ciénaga cerró con 96 homicidios, Fundación con 53, Aracataca con 33 y Pivijay con 30.

Sumados a Santa Marta, que registró 177 asesinatos, estos municipios concentraron 496 muertos en 2025. En 2024, ese mismo corredor había dejado 454.

La diferencia es clara: la violencia aumentó, aunque cambió de lugar.

En la capital del departamento hubo una reducción de 27 homicidios frente a 2024. Pero esa baja no significa tranquilidad. La violencia se desplazó hacia la zona rural y las periferias.

Según defensores de derechos humanos, el control armado sigue siendo fuerte en sectores como Gaira, La Paz, San Jorge, el piedemonte de la Sierra y barrios populares, donde la presencia criminal no se esconde y la ley no manda.

Muertes que no aparecen en las estadísticas

No todos los muertos se cuentan”, advierte Lerber Dimas, director de la Plataforma de Derechos Humanos.

Hay homicidios que ocurren en zonas altas, en la montaña, en caminos donde nadie llega. Personas asesinadas que no entran en registros oficiales, que no generan titulares y que quedan sepultadas en la impunidad.

El informe de la Plataforma se construye con datos forenses, Policía y monitoreo diario de medios. Aun así, admite que la realidad puede ser peor.

El 2025 dejó también cinco masacres y el asesinato de líderes comunitarios, políticos, religiosos e indígenas. Una violencia selectiva que apunta a quienes representan liderazgo social o territorial.

Pese a los diálogos de paz abiertos con estructuras armadas, los homicidios no bajaron por negociación.

Bajaron o subieron, dicen los expertos, solo cuando la confrontación interna de los grupos así lo permitió.

Magdalena frente a la región: el más violento

La comparación regional es brutal. Mientras La Guajira registró 272 homicidios y el Cesar 382, el Magdalena superó los 600.

Sin guerrillas activas como en otros departamentos, el Magdalena se consolida como uno de los territorios más paramilitarizados y violentos del país.

“Es una guerra contra los jóvenes”

Desde la Consejería de Paz del Distrito, Jennifer del Toro lanzó una advertencia que hiela: más de 4.700 jóvenes han sido asesinados en Santa Marta entre 2003 y 2025.

La mayoría, hombres menores de 28 años. Víctimas y victimarios de una misma guerra que se los traga antes de cumplir los 30.

Mientras se anuncian programas de educación y prevención, el presente sigue marcado por las balas.

Un 2026 que ya asusta

El Magdalena cerró 2025 sin alivio. Con más muertos, más control armado y un año electoral en el horizonte.

Las cifras no respaldan a ninguna administración local ni departamental. Y en los territorios, la sensación es la misma: la guerra sigue, la autoridad no llega y la muerte no descansa.

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En el Magdalena, la violencia ya no sorprende. Se volvió costumbre.


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