Condenaron a anestesiólogo que abandonó quirófano para buscar su cargador: niño de 4 años murió sin oxígeno durante cirugía simple


El menor ingresó al quirófano para una operación de hernia que no representaba mayor riesgo. Minutos después sufrió un paro cardiorrespiratorio y quedó con daño cerebral irreversible. Dos años más tarde, la Justicia condenó al anestesiólogo por negligencia tras comprobar que se apartó de la vigilancia continua y que el quirófano presentaba fallas críticas.

Valentín Mercado Toledo tenía 4 años. Entró caminando al quirófano del Sanatorio Juan XXIII, en General Roca, provincia de Río Negro, el 11 de julio de 2024. La cirugía estaba programada, era de baja complejidad y no debía durar más de una hora y media. No era una intervención de alto riesgo. No era una urgencia. Era una hernia. No volvió a despertar.

En medio del procedimiento sufrió una descompensación crítica. Durante al menos diez minutos —según estableció la investigación— su cerebro no recibió el oxígeno necesario. Diez minutos que fueron suficientes para destruir lo que apenas comenzaba. El diagnóstico posterior fue encefalopatía hipóxico-isquémica: daño neurológico irreversible.

Fue trasladado a terapia intensiva. Convulsiones. Fiebre. Un cuadro que se deterioraba con el paso de las horas. La información que recibía la familia era incompleta. Su madre, Ariana, declaró después:

“El médico me había dicho que fue un poco de bradicardia, pero a la semana me entero de que Valentín había sufrido un paro cardíaco durante la cirugía”.

Seis días más tarde, una junta médica confirmó la muerte encefálica. Una operación sencilla terminó en una sala de terapia intensiva y en una despedida imposible de aceptar.

Las fallas en el quirófano

Con el paso de los días comenzaron a surgir preguntas. Y luego, datos concretos.

Durante el juicio se expuso que el anestesiólogo se habría distraído con su teléfono celular y que incluso abandonó el quirófano en pleno procedimiento para buscar un cargador, apartándose de la vigilancia directa que le correspondía como responsable exclusivo del control anestésico. Aunque otra persona permanecía en la sala, la normativa es clara: el anestesiólogo no puede dejar sin supervisión continua al paciente bajo anestesia.

Los peritajes también revelaron que al momento de la emergencia no había un desfibrilador disponible en el quirófano y que existían deficiencias en los controles clínicos y en el monitoreo adecuado del menor.

Una cadena de omisiones. Una suma de descuidos. Una vigilancia que se interrumpió cuando no podía interrumpirse.Los expertos fueron categóricos ante el tribunal: en anestesia, la supervisión es permanente y personal. No admite pausas. No admite distracciones. No admite salidas breves.

La interrupción del suministro de oxígeno al cerebro coincidió con el momento en que el anestesiólogo no ejercía la vigilancia directa exigida por su función. Esa ausencia, aunque breve en tiempo, fue determinante en el resultado.

La condena

Tras la denuncia de la familia, se abrió una causa que se extendió durante casi dos años. Peritajes médicos, reconstrucciones técnicas y testimonios permitieron establecer el nexo causal entre la conducta del profesional y la muerte del niño.

El fiscal Gastón Britos Rubiolo sostuvo que hubo negligencia, impericia e incumplimiento de protocolos básicos. La querella pidió una sanción ejemplar. La defensa intentó limitar cualquier inhabilitación al ámbito pediátrico. El tribunal rechazó ese planteamiento.

Este 10 de febrero de 2026, el juez Emilio Stadler dictó sentencia: tres años de prisión condicional, sin cumplimiento efectivo en cárcel, bajo reglas estrictas de conducta. Además, dispuso la inhabilitación para ejercer la medicina durante varios años, al concluir que la muerte de Valentín fue consecuencia directa del incumplimiento del deber de vigilancia continua y de las graves deficiencias detectadas en el procedimiento.

No hubo cárcel efectiva. Pero hubo responsabilidad penal.

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Para la familia, la sentencia no repara la ausencia. No devuelve la voz del niño en la casa. No borra los minutos que cambiaron todo dentro de un quirófano.

Dos años después, la Justicia habló. Y en esa sala volvió a escucharse el nombre de Valentín Mercado Toledo, no como paciente, sino como víctima de una negligencia que terminó en tragedia.


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