Comunidades aledañas al Tayrona obligan a suspender cobros en peaje de Neguange; piden que el paso sea libre hasta que haya puente


Habitantes de la Troncal del Caribe levantaron las talanqueras del peaje de Neguanje y permitieron el paso gratis de vehículos como protesta por la crisis económica que están viviendo.

El cansancio se convirtió en protesta. Y la protesta, en desobediencia colectiva.

Este miércoles, comunidades que habitan en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta y a lo largo de la Troncal del Caribe se tomaron el peaje de Neguanje para impedir el cobro a los vehículos que transitan por la vía, en una acción desesperada para exigir soluciones ante la crisis económica provocada por el colapso del puente de Mendihuaca y los constantes derrumbes que mantienen fracturada la movilidad entre Magdalena y La Guajira.

Desde tempranas horas, buses, carros particulares y camiones comenzaron a cruzar sin pagar. Los cobradores, superados por la presión social, levantaron las talanqueras mientras decenas de manifestantes advertían que no permitirían recaudos hasta que se restablezca la conexión vial.

No vamos a permitir que nadie pague un solo peso a la concesión vial hasta que se reactive la movilidad”, afirmó uno de los líderes de la protesta. La Policía hizo presencia preventiva, pero no intervino.

Una protesta nacida del desespero

Para muchos viajeros fue solo un peaje abierto. Para las comunidades, fue un grito de desesperación.

El frente frío que azotó la región no solo tumbó un puente: derrumbó la economía de toda una franja turística que vive del tránsito constante de visitantes hacia el Parque Tayrona y La Guajira.

Darío Jiménez, participante de la protesta, explica que el impacto va mucho más allá de una infraestructura caída.

“Para muchos es solo un puente, pero para nosotros fue el inicio de una crisis. El turismo desapareció y nos estamos quedando sin qué comer”, dijo.

Negocios cerrados, hostales y cabañas vacías y restaurantes sin clientes describen hoy el paisaje económico de la zona. La Troncal del Caribe en esta zona que depende exclusivamente del flujo de viajeros, luce —según los habitantes— como un territorio abandonado.

Jimmy, vendedor de chorizos en la vía, lo resume con crudeza: “Esto parece otra pandemia. Los turistas desaparecieron. El puente se cayó y nuestra economía se vino al piso con él”.

Turismo apagado y emergencias acumuladas

La crisis no tiene una sola causa. Los habitantes enumeran una cadena de golpes consecutivos.

Primero, el colapso del puente. Luego, los derrumbes que siguen bloqueando la carretera. Después, el cierre indefinido del Parque Tayrona. Y, como si fuera poco, un incendio que destruyó 16 cabañas y tres restaurantes en Mendihuaca, una de las zonas más afectadas.

El golpe final llegó cuando las lluvias arrasaron el piedraplén provisional que buscaba restablecer el paso.

Nuevamente quedamos como antes”, dijo un morador durante la protesta. “No pueden cobrar por una vía que está rota”.

Hoy, quienes necesitan cruzar entre Magdalena y La Guajira deben hacer transbordos improvisados: vehículos llegan hasta cada extremo del puente, pasajeros bajan, cruzan a pie y continúan el viaje en otro transporte.

Masivo desplazamiento laboral

La emergencia también transformó la dinámica comercial.

Betty, comerciante que abastece su negocio desde Riohacha, explica que el transporte se volvió una cadena de gastos adicionales.

Todos los negocios están cerrados. No hay vida por la vaina del transporte”, asegura.

El sistema de transbordo obliga a pagar varios trayectos y movilizar mercancía en motocicletas o carretillas.

“Ya es otra platica que toca sacar. Se vende, pero no lo que se debería vender”, explica.

En Puerto Nuevo y sectores cercanos, el panorama es similar. Freddy Gómez describe una caída abrupta del turismo tras la emergencia.

“La gente le cogió miedo a cruzar. Apenas cayó el puente, el turismo se retiró impresionante”, relata.

Según la comunidad, la demora inicial en las obras agravó la situación.

“Duraron casi 12 días sin tocar el puente. Si hubieran empezado desde el principio, ya estaría listo”, cuestiona.

Entre anuncios oficiales y una economía en pausa

El Instituto Nacional de Vías (Invías), la Gobernación del Magdalena, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo y el Ejército trabajan en la habilitación de un paso provisional y la instalación de un puente militar, cuyo montaje podría tardar por lo menos unos 30 días más.

El impacto ya alcanza sectores productivos mayores. El gremio bananero reporta pérdidas millonarias debido a los desvíos obligados por Valledupar, Bosconia y Fundación, aumentando costos y tiempos hacia el puerto de Santa Marta.
Pero en las comunidades la preocupación es más inmediata.

La prioridad no es la logística nacional ni las cifras económicas: es sobrevivir al día siguiente. Por eso levantaron las talanqueras y se tomaron el peaje.

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Advierten que seguirán en pie de lucha hasta que el puente vuelva a unir no solo dos departamentos, sino la economía y la esperanza de toda la Troncal del Caribe, hoy suspendida entre promesas oficiales y el hambre creciente de quienes viven del camino que dejó de existir.


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