Colombianos volvieron a gastar en compras como no lo hacían hace más de 10 años


En medio de un país atravesado por alertas fiscales, inflación persistente y tensiones políticas, los hogares colombianos están actuando en sentido contrario: confían más en su futuro económico y gastan como no lo hacían desde 2014. El Índice de Confianza del Consumidor alcanzó en diciembre de 2025 su nivel más alto en más de una década.

Colombia discute crisis, pero consume como si hubiera calma. Mientras el discurso público insiste en un país tensionado por la inflación, el déficit fiscal y la incertidumbre política, los hogares están tomando decisiones desde otro lugar: el del optimismo sobre su propio bolsillo.

Así lo revela la más reciente medición del Índice de Confianza del Consumidor (ICC), Índice de Confianza del Consumidor (ICC), que cerró diciembre de 2025 en 19,9 %, el registro más alto desde 2014. El dato no solo marca una recuperación sostenida del ánimo de los hogares, sino que evidencia una mayor disposición a gastar, incluso en bienes de alto valor como vivienda, vehículos y otros durables.

El resultado sorprende porque no coincide con varios indicadores que, en teoría, deberían enfriar el consumo. La inflación se mantiene alrededor del 5 %, el aumento del salario mínimo ha encendido alertas en sectores empresariales por el impacto en costos y precios, y el debate fiscal sigue dominando la agenda nacional. Aun así, el consumidor promedio se siente más tranquilo frente a su situación económica actual y futura.

Una de las claves está en el dólar. La caída de la tasa de cambio ha tenido un efecto directo —y sobre todo psicológico— en los hogares. Para muchos colombianos, un dólar más barato es sinónimo de estabilidad, control y alivio económico, una percepción que termina influyendo en las decisiones de gasto.

Camilo Herrera, fundador de la firma Raddar y analista del comportamiento del consumidor, lo resume así:

“Cuando el dólar no se dispara, se instala la idea de que la economía está bajo control, aunque otros indicadores digan lo contrario”.

Ese efecto se siente en la cotidianidad. Productos importados llegan a precios más accesibles, y el beneficio no se limita a artículos tecnológicos o de lujo. Parte de los alimentos y bienes básicos de la canasta familiar también se abaratan, reforzando la sensación de que el dinero rinde más.

A este escenario se suma un mercado laboral que muestra señales positivas. El desempleo se mantiene en niveles históricamente bajos, las remesas siguen creciendo, las exportaciones de café atraviesan un buen momento y el turismo internacional continúa al alza. Todo ello se traduce en más ingresos circulando en los hogares.

Alejandro Rojas, economista senior del Banco de Bogotá, destaca un dato clave: el consumo actual no está apalancado en el endeudamiento.

“Los hogares están gastando principalmente con base en ingresos reales y no en crédito, lo que indica una base más sólida para ese consumo”, explica.

El aumento del salario mínimo también ha jugado un papel importante en el ánimo de los trabajadores, al menos en el corto plazo.

Sin embargo, los expertos advierten que este impulso podría tener fecha de vencimiento. El ajuste de precios, el encarecimiento de bienes como carros y motos y el comportamiento de las tasas de interés podrían enfriar la confianza en los próximos meses.

Lea aquí: Dávila: “rebaja de gasolina y salario mínimo son jugada electoral para impulsar a Cepeda”

La política completa el cuadro. En un año preelectoral, las expectativas de cambio suelen generar picos de optimismo similares a los observados en otros ciclos. La confianza, en ese sentido, no responde solo a cifras duras, sino también a percepciones, señales y esperanzas colectivas.


¿Quieres pautar

con nosotros?