Colombia y EE. UU. interceptan juntos narco-submarino con 10 toneladas de coca: golpe histórico a los capos


Una operación conjunta interceptó un semisumergible en aguas internacionales, capturó a cuatro tripulantes y destruyó el mayor cargamento incautado en los últimos años. El golpe impacta de frente las finanzas de los carteles y confirma el regreso de la cooperación antidrogas entre Bogotá y Washington.

Un narco-submarino cargado con 10 toneladas de cocaína fue interceptado por fuerzas de Colombia y Estados Unidos. Cuatro hombres terminaron esposados y 441 millones de dólares, convertidos en polvo químico, se esfumaron antes de alimentar las cuentas de los capos. El golpe, uno de los más duros de la última década, no fue casual: nació de un apretón de manos en la Casa Blanca.

El semisumergible navegaba como lo hacen estas naves de la mafia: a baja altura, casi invisible para los radares, con motores silenciosos y hombres entrenados para morir antes que hablar. Pero la ruta estaba marcada. Inteligencia binacional le seguía el rastro desde hacía días, y cuando asomó en aguas del Pacífico, la trampa ya estaba cerrada.

La operación se activó con precisión militar, no hubo violencia ni amenazas contra la vida de los tripulantes del sumergible. Unidades navales colombianas y estadounidenses rodearon la embarcación. Dentro del casco artesanal, apilados como ladrillos, iban los paquetes que representan sangre, guerra y poder en América Latina: cerca de 10 toneladas de cocaína listas para inundar mercados internacionales.

Los cuatro tripulantes, hombres sin nombre para el público pero con precio para los carteles, fueron reducidos y trasladados a custodia. Ahora deberán responder por tráfico de estupefacientes en cortes que no conocen la clemencia de las selvas donde se produce la droga.

El Departamento de Estado de Estados Unidos reconoció que la clave fue la coordinación con las Fuerzas Armadas colombianas. Detrás del éxito está el encuentro reciente entre Gustavo Petro y Donald Trump, donde la lucha antidrogas volvió al centro de la agenda bilateral. El mensaje fue claro: la política puede dividir, pero el negocio de la coca une a los gobiernos cuando la presión aprieta.

Las 10 toneladas fueron destruidas bajo protocolos internacionales. Cada kilo quemado es un salario menos para sicarios, un fusil que no se compra, una lancha que no se paga. Las autoridades calculan que el decomiso equivale a varios meses de operación de una estructura criminal completa.

Desde agosto de 2025, las interceptaciones en el Pacífico y el Caribe se han intensificado. Los narco-submarinos se convirtieron en la apuesta de los capos para burlar controles, pero también en su mayor debilidad: cuando caen, el daño es irreparable. No es un cargamento, es una fortuna flotante.

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Los investigadores lo dicen sin eufemismos: este golpe no hiere a un laboratorio, hiere el corazón del negocio. Sin dinero no hay rutas, sin rutas no hay poder, y sin poder los carteles se vuelven simples bandas.


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