
Clan del Golfo señala a Petro de traidor por entregar nombre de capos a Trump y suspende diálogos de paz
El grupo armado acusa al Gobierno de traición y congela un proceso que ya estaba lleno de desconfianza, mientras el país vuelve a quedar al borde de otra tormenta de violencia.
Apenas horas después de que Gustavo Petro revelara que había entregado a Donald Trump los nombres de los grandes capos del narcotráfico, el Clan del Golfo anunció que suspendía los diálogos de paz con el Gobierno. La decisión cayó como un portazo en un proceso que ya caminaba sobre un suelo frágil.
Según lo conocido, en la reunión en Washington el Presidente colombiano puso sobre la mesa una carpeta con objetivos prioritarios para Estados Unidos. En esa lista aparecían alias ‘Pablito’, ‘Iván Mordisco’, ‘Chiquito Malo’ y Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, máximo jefe del Clan del Golfo. Para la organización criminal, ese movimiento significó cruzar una línea roja.
“Se atentó contra la buena fe”
La reacción fue inmediata. A través de un comunicado atribuido a su Estado Mayor Conjunto, la delegación del grupo armado informó que congelaba cualquier avance en la mesa.
“Por orden del Estado Mayor Conjunto, la delegación de EGC suspenderá provisionalmente las conversaciones con el Gobierno para realizar consultas y aclarar la veracidad de la información”, señalaron.
El mensaje no fue solo administrativo. Traía una advertencia política directa:
“De confirmarse esta información, se estaría atentando contra la buena fe y los compromisos asumidos en la mesa de diálogo”.
En el lenguaje del conflicto, esa frase equivale a decir que el Gobierno rompió las reglas del juego. Para el Clan del Golfo, entregar los nombres a Estados Unidos expone a sus cabecillas a extradiciones y operativos, justo cuando se hablaba de desescalamiento y garantías.
Un proceso que ya venía herido
Los diálogos con esta estructura comenzaron en agosto de 2024 en Doha, Catar, y fueron presentados como la apuesta más arriesgada de la “paz total”. En diciembre se acordaron zonas de ubicación temporal en Chocó y Córdoba, con levantamiento de órdenes de captura mientras avanzaban las conversaciones. El Gobierno vendió ese paso como la puerta de entrada para reducir la violencia en territorios dominados por la organización.
Pero en el terreno la realidad nunca acompañó del todo el discurso. Los homicidios selectivos siguieron, las extorsiones no pararon y el control territorial del grupo se mantuvo intacto en corredores del Caribe y el Pacífico. La confianza siempre fue un hilo delgado.
La muerte reciente de alias ‘Gonzalito’, segundo al mando del Clan, tensó aún más el ambiente. El jefe criminal apareció sin vida el 30 de enero en un río cerca de Tierralta, Córdoba. La organización insinuó que el hecho estaría ligado a su desplazamiento hacia las zonas de concentración del proceso de paz. Desde entonces, el clima en la mesa era de sospecha.

Silencios oficiales y ruido político
La Oficina del Alto Comisionado para la Paz aseguró que no ha recibido notificación formal de la suspensión. Sin embargo, el anuncio público ya produjo un golpe simbólico enorme. En el Congreso, sectores de oposición hablaron de “fracaso anunciado”; aliados del Gobierno defendieron la entrega de la lista como un acto de cooperación internacional contra el narcotráfico.
En la Casa de Nariño guardan silencio sobre el contenido exacto de la carpeta. Nadie explica si la decisión fue consultada con el equipo negociador ni qué garantías se habían dado previamente al grupo armado.
Un gigante con las manos libres
El Clan del Golfo no es un actor menor. Las agencias de inteligencia calculan que tiene miles de hombres en armas, controla rutas de cocaína hacia Centroamérica y Europa, domina economías ilegales y ejerce poder en decenas de municipios. Cualquier quiebre con esa estructura se traduce en más desplazamientos, más confinamientos y más miedo para las comunidades.
Analistas de seguridad advierten que la suspensión puede significar un retorno a la confrontación abierta. “Si sienten que no hay reglas, volverán a la lógica militar”, dice un exnegociador consultado por este medio.

El pulso que define la “paz total”
La apuesta central del Gobierno Petro queda otra vez en el aire. La estrategia de negociar simultáneamente con guerrillas y bandas criminales enfrenta su momento más crítico. Mientras en Washington se hablaba de cooperación antidrogas, en Colombia se desmoronaba una mesa de diálogo.
El país queda atrapado entre dos mensajes contradictorios: combatir a los capos o pactar con ellos. El Clan del Golfo ya dejó claro cómo leyó la jugada. Ahora falta saber si el Gobierno tiene un plan para recomponer lo que se rompió en cuestión de horas.
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