
Cayó ‘Cumbia’, el exparamilitar que volvió a sembrar el terror con extorsiones y homicidios en el Magdalena
Alias ‘Cumbia’ o ‘Federico’, un hombre con pasado en las autodefensas y antecedentes por concierto para delinquir, fue capturado en Remolino con una pistola Glock lista para usar. La comunidad, harta de las extorsiones y asesinatos, lo delató.
No hubo persecución ni disparos, pero el silencio en Remolino fue total cuando la Policía le puso las manos encima a alias ‘Cumbia’, un viejo conocido de la guerra. Había vuelto del infierno de las cárceles y, sin perder tiempo, se adueñó de las calles de los pueblos del centro del Magdalena como si el miedo todavía le perteneciera.
Tenía 37 años y una mirada que lo decía todo: la costumbre de mandar a matar, de cobrar ‘vacunas’, de mirar a la gente por encima del hombro porque sabía que nadie se atrevía a hablar. Pero esta vez alguien sí habló. Fue la comunidad —la misma que él había silenciado por años— la que rompió el miedo y avisó: “Está aquí, en el pueblo, armado”.
Así fue su captura
Cuando los patrulleros llegaron a la zona céntrica, lo encontraron frente a un local de comidas rápidas, en chancletas, como si nada. Al notar la presencia policial, trató de esconder algo entre las mesas del negocio. No alcanzó.
En cuestión de segundos, los uniformados descubrieron una pistola Glock calibre 9 milímetros, cargada con 16 cartuchos. Un arma que, según las autoridades, ya había hecho demasiado ruido en Remolino, Salamina y Sitio Nuevo.
El coronel Javier Alberto Duarte Reyes, comandante del Departamento de Policía Magdalena, confirmó que la captura fue posible gracias a la denuncia ciudadana.
“La colaboración de la gente fue determinante. Este resultado devuelve algo de tranquilidad a los habitantes que venían siendo extorsionados y amenazados”, dijo el oficial.
Un hombre temido en la zona
Alias ‘Cumbia’ había heredado el mando criminal tras la muerte de ‘Juan David’ o ‘El Bebé’, abatido el pasado 21 de octubre en la vía que conduce de Piñuela a Pivijay. Desde entonces, se encargó de mantener el negocio: cobros ilegales, asesinatos selectivos, panfletos y amenazas para quienes se atrevieran a desafiar su dominio.
El hombre no era un improvisado. En 2010 había pertenecido al bloque Resistencia Tayrona, uno de los más sangrientos de las autodefensas en el Magdalena. Pasó casi ocho años en prisión, pero cuando salió en 2023 volvió a lo que sabía hacer: mandar y sembrar miedo. Su nombre volvió a sonar en los pueblos, en las esquinas, en los susurros de la gente que no quería problemas.
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Los investigadores confirmaron que tenía antecedentes por porte ilegal de armas y concierto para delinquir con fines de financiación del terrorismo. En su expediente figuran homicidios selectivos y amenazas a líderes comunitarios que se negaban a pagar extorsiones. Era, según las autoridades, el tipo de delincuente que se siente intocable hasta que alguien se atreve a delatarlo.
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