Carnaval pasado por sangre: 25 muertos dejaron cuatro días de fiesta y violencia en el Atlántico


La celebración más grande del Caribe terminó marcada por balas, accidentes y muertes que duplicaron las cifras del año anterior. Diecisiete crímenes sicariales, seis víctimas en las vías, una muerte accidental con arma de fuego y un extranjero hallado sin vida conforman el saldo más oscuro del Carnaval.

El Carnaval terminó, la música se apagó y el balance dejó una cifra imposible de maquillar: 25 personas murieron en solo cuatro días en el Atlántico mientras el departamento celebraba su fiesta más emblemática. Entre comparsas, disfraces y turistas, la violencia avanzó al mismo ritmo que la rumba.

La estadística es contundente y brutal. Las autoridades confirmaron que las muertes violentas aumentaron más del 100 % frente al Carnaval de 2025, cuando se registraron 12 casos. Este año fueron 25. El doble. Una celebración que, mientras llenaba calles y hoteles, también llenaba morgues y salas de urgencias.

En muchos sectores, las sirenas policiales sonaron más fuerte que la música. Patrullas llegaron antes que ambulancias. Motocicletas huyeron tras los disparos. Familias corrieron detrás de cuerpos heridos que no siempre lograron sobrevivir.

La guerra del sicariato

De las 25 muertes, 17 fueron ejecuciones sicariales, confirmando que la violencia armada dominó el panorama durante las festividades.

Barranquilla concentró once homicidios. Diez hombres murieron por impactos de bala y uno más fue asesinado con arma blanca. Los crímenes se distribuyeron en barrios populares donde el Carnaval se vivía entre verbenas y miedo: Las Américas, Las Nieves, El Bosque, La Esmeralda, Carlos Meisel, San Isidro y La Ceiba.

El caso más impactante ocurrió el Sábado de Carnaval en el barrio Las Américas. Tres hombres —César Andrés Moya Meza, John Jairo Manzur Rodríguez y Luis Gabriel Solano Villa— compartían dentro de una vivienda cuando un hombre descendió de un vehículo Kia Picanto y abrió fuego sin advertencia.

Los tres, trabajadores de la construcción, fueron trasladados a la Clínica San Ignacio. Ninguno sobrevivió.

Horas después, el barrio Las Nieves volvió a convertirse en escenario de violencia. Allí fue asesinado Jainer Javier Reales Marrugo, de 21 años, ataque en el que también resultaron heridas dos mujeres. Más tarde, en el mismo sector, fue ultimado Michael Yordan Márquez Rosillo, de 30 años, crimen que, según la Policía Metropolitana, estaría relacionado con el primero.

El patrón se repitió el resto del Carnaval: hombres armados en motocicleta, ataques rápidos y víctimas que caían en plena vía pública. Así murieron también Deivis de Jesús Palmera Sánchez, de 22 años, y Dyson Andrés Viloria Carranza, de 20, entre otros casos registrados en distintos barrios de la ciudad.

La violencia se extendió fuera de Barranquilla

El resto del departamento tampoco escapó.

En Soledad, tres hombres fueron asesinados en hechos aislados. Malambo sumó otro homicidio en Villa Esperanza. En Luruaco, un hombre fue atacado a bala y murió. Y en Sabanagrande fue asesinada Betania María Méndez Machado, ciudadana venezolana, ampliando la lista de víctimas en medio de las celebraciones.

Entre los hechos más sensibles figura la muerte del auxiliar de Policía Miguel Ángel González Herrera. El uniformado falleció luego de que, según el reporte preliminar, un centinela manipulaba su arma de dotación y esta se disparara accidentalmente dentro de la Escuela de Policía Antonio Nariño.

A esto se sumó el hallazgo sin vida de un ciudadano alemán en un hotel del barrio Simón Bolívar, caso que aún es materia de investigación.

Las vías también cobraron vidas

La violencia no solo llegó con las balas. También apareció en las carreteras.

Seis personas murieron en accidentes de tránsito durante los cuatro días de Carnaval. Cinco de ellas en Barranquilla y una más en la vía hacia el corregimiento de Pital de Megua, jurisdicción de Baranoa.

El aumento de movilidad, el consumo de alcohol y la congestión vehicular volvieron las vías escenarios mortales en medio de la celebración.

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Fiesta arriba, tragedia abajo

El contraste fue inevitable: mientras turistas bailaban y las comparsas recorrían las calles, el Atlántico registraba uno de los balances más violentos de los últimos carnavales.
La fiesta que vende alegría al país dejó detrás un conteo frío: 25 muertos en cuatro días.


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