
Capturados miembros de la “oficina de muerte” dedicados a ejecutar capos y empresarios de alto perfil nacional e internacional
En un operativo en el nororiente de Medellín, fueron capturadas nueve personas señaladas de integrar una estructura dedicada a coordinar homicidios selectivos contra nacionales y extranjeros vinculados a economías ilegales. En el lugar hallaron armas de alto poder y equipos con información detallada sobre presuntos criminales de Europa, México y Centroamérica que residían en la capital antioqueña.
No era una banda común ni un expendio más de violencia. Era, según las autoridades, una oficina clandestina donde se decidía quién vivía y quién moría dentro del ajedrez criminal que se mueve entre Medellín y el extranjero.
En una vivienda del nororiente de la ciudad, nueve personas fueron capturadas en una operación que destapó una modalidad de sicariato selectivo, dirigida exclusivamente a blancos de “alto perfil”.
Desde esa casa —que por fuera no levantaba sospechas— se coordinaban y emitían órdenes para ejecutar homicidios cuidadosamente planificados en el Valle de Aburrá y en otras regiones del país. No se trataba de ajustes de cuentas improvisados: había seguimiento, análisis y selección previa de cada objetivo.
El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, fue contundente al describir la estructura, a la que denominó “La Oficina Premium”, en alusión a su presunta especialización en blancos considerados de alto valor, entre ellos capos colombianos y extranjeros.
“Según información, coordinaban y emitían órdenes para ejecutar homicidios selectivos contra nacionales y extranjeros”, indicó Gutiérrez.
Los capturados, que se hacían llamar ‘Los Ototos’, operarían bajo la tutela del denominado Cuerpo Colegiado de ‘La Oficina’.

Las autoridades sostienen que no eran simples ejecutores: eran parte de una red que funcionaba como un centro estratégico. En sus dispositivos no solo había contactos, sino información detallada, seguimientos y datos sensibles de ciudadanos extranjeros que residían en Medellín.

Durante el allanamiento fueron incautadas una mini uzi, una pistola calibre 9 milímetros, seis revólveres calibre 38 y 77 cartuchos. Un arsenal que, según los investigadores, confirma la capacidad operativa del grupo. Pero el hallazgo más inquietante estaba en lo digital: 29 teléfonos celulares, tres computadores y dos tabletas que almacenaban información de personas originarias de México, El Salvador, Estados Unidos, España e Italia. Información que deja entrever el alcance de esta red de criminalidad.
Algunos de esos nombres estarían vinculados a negociaciones ilícitas en el Valle de Aburrá, especialmente en actividades relacionadas con el narcotráfico.
La hipótesis que ahora se analiza es si esta estructura estaría detrás de recientes homicidios de extranjeros en la ciudad, casos que han puesto a Medellín en el radar internacional por la presencia de actores criminales foráneos.
La magnitud del material incautado revela un patrón distinto: no era violencia indiscriminada, sino una criminalidad selectiva, organizada y dirigida a eliminar piezas clave dentro de economías ilegales. Una especie de “servicio especializado” que, según la investigación, trabajaba con información precisa y objetivos definidos.
Altares, rituales y la creencia en la “protección” criminal
En medio del operativo, los uniformados se encontraron con un escenario que mezclaba armas y tecnología con elementos de carácter esotérico. En un espacio de la vivienda fueron hallados altares y objetos asociados a rituales de brujería: velas, figuras simbólicas y artículos utilizados en prácticas espirituales.
De acuerdo con las autoridades, estos elementos tendrían una doble finalidad. Por un lado, serían utilizados como supuesta protección frente a acciones policiales o posibles retaliaciones, una creencia a la que recurrían en medio del riesgo constante que implicaba su actividad criminal. Por otro, habrían sido usados para cometer presuntas estafas contra personas que acudían a ellos buscando soluciones a problemas económicos, sentimentales o de salud.
La escena era impactante: en la misma casa donde se planificaban homicidios selectivos también se levantaban altares en busca de “protección”. Una combinación de estrategia criminal y creencias personales que, para los investigadores, refleja el entorno en el que se movía la estructura.
Golpe a la criminalidad
La operación se produce en un momento complejo para Medellín, donde las disputas entre estructuras ilegales por el control del microtráfico, la extorsión y el sicariato han intensificado los homicidios selectivos en algunos sectores.
Las autoridades subrayan que este caso marca una diferencia: no se trataba de una confrontación territorial común, sino de una red dedicada a ejecutar objetivos específicos, muchos de ellos extranjeros vinculados a economías ilícitas.
Ahora, el análisis forense del material incautado será clave para establecer el alcance real de la organización y su posible relación con crímenes recientes.
Lo que quedó al descubierto tras la puerta de esa vivienda no fue solo una banda más, sino una estructura que operaba con método, información internacional y una lista de blancos cuidadosamente escogidos.
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