
Cabo Tortuga se está quedando sin playa: el mar avanzó y borró zonas completas del balneario
El último mar de leva arrasó varios tramos de arena y dejó sectores completamente inundados. Comerciantes y trabajadores turísticos advierten que la erosión avanza sin control mientras las medidas para frenarla siguen siendo inexistentes.
El mar ya no está golpeando la playa: la está desapareciendo.
En Cabo Tortuga, uno de los balnearios más concurridos de Santa Marta, el más reciente mar de leva borró franjas completas de arena y dejó zonas donde caminar sin meterse al agua simplemente ya no es posible.
Lo que antes era playa hoy es solo mar.
Las imágenes captadas por el reportero Montiner Alvis muestran una escena que alarma: visitantes y trabajadores obligados a entrar al agua para poder desplazarse entre puntos del sector, porque la franja costera desapareció en varios tramos.
No se trata de una advertencia futura. Está ocurriendo ahora.
La arena cedió y el mar ganó terreno

El fenómeno de erosión costera —un proceso natural agravado por condiciones climáticas y la intervención humana— venía avanzando lentamente desde hace años. Sin embargo, el último mar de leva aceleró el deterioro de manera drástica.
Sectores completos quedaron reducidos a piedras, agua y estructuras expuestas.
En algunos puntos, la línea del mar llegó hasta donde antes funcionaban zonas de descanso, carpas y espacios comerciales. Hoy, esos lugares simplemente no existen.
El impacto no es solo ambiental: es económico y social.
Cabo Tortuga vive del turismo. Restaurantes, carperos, vendedores informales y prestadores de servicios dependen diariamente de la existencia de la playa. Sin arena, no hay turistas. Sin turistas, no hay ingresos.
“Ya no hay dónde trabajar”
Un carpeto del sector lo resume sin rodeos:
“Ya no hay dónde colocar carpas. El agua se llevó la zona donde trabajábamos. Me ha tocado moverme varias veces porque el mar sigue avanzando”.

Cada traslado significa pérdida de clientes, menos ingresos y mayor incertidumbre.
Los trabajadores aseguran que el espacio disponible se reduce semana tras semana. Donde antes cabían decenas de servicios turísticos, hoy apenas queda una franja estrecha disputada entre comerciantes, bañistas y estructuras privadas.
La playa se reduce y crecen los conflictos
La erosión no solo está borrando la arena; también está aumentando la tensión social.
Con menos espacio disponible, crecen los enfrentamientos entre vendedores tradicionales, turistas y edificaciones que concesionan áreas frente al mar. Comerciantes denuncian que algunos sectores han sido prácticamente apropiados, limitando aún más el acceso público a una playa que cada vez es más pequeña.
La disputa ocurre mientras el mar sigue avanzando.
Cada ola reduce el margen de convivencia y aumenta la presión sobre quienes dependen del balneario para sobrevivir.

Lo más preocupante para residentes y trabajadores es que, pese a la evidencia, las medidas para frenar la erosión siguen siendo nulas.
No hay obras visibles de protección costera, ni intervenciones estructurales que mitiguen el impacto del oleaje. Tampoco existe claridad sobre planes de recuperación o adaptación frente al avance del mar.
Mientras tanto, la naturaleza continúa haciendo su trabajo.
Y lo hace rápido.
Cabo Tortuga enfrenta hoy una realidad incómoda: el turismo depende de una playa que podría dejar de existir si el proceso continúa al ritmo actual.
Las fotografías del último mar de leva no muestran un evento aislado, sino una advertencia clara de lo que viene.
El mar no retrocede.
La arena no vuelve sola.
Y el tiempo para actuar se está agotando.

Si la erosión sigue avanzando sin intervención, lo que hoy es alarma podría convertirse pronto en un recuerdo: un balneario borrado por el mar.
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