Bañistas llegaron emocionados y se fueron con frustración: el puente festivo que confirmó la muerte de Cabo Tortuga


Cientos de turistas arribaron al sur de Santa Marta buscando playa y encontraron solo mar. La erosión borró el balneario y dejó en evidencia una crisis que ya golpea a decenas de familias.

Llegaban en fila. Carros, motos con familias completas, buses con grupos de turistas que venían con la idea clara: pasar el puente festivo frente al mar.

Pero el mar ya no estaba donde debía o mejor dicho, estaba en todas partes.

Cabo Tortuga no los recibió con arena, ni con sol, ni con espacio para quedarse. Los recibió con agua. Con un paisaje irreconocible. Con un silencio extraño donde antes había música, vendedores y movimiento.

Caminaban unos metros. Miraban. Dudaban. Y se iban. Así, uno tras otro.

El turismo que no se quedó

El puente festivo era la prueba. La oportunidad de medir si el sector resistía o no el golpe de la erosión que desde febrero venía devorando la playa. No resistió.

Grupos enteros bajaban de los vehículos con entusiasmo. Sacaban neveras, sombrillas, parlantes. Pero bastaban unos minutos para entender que no había dónde instalarse. No había playa.

Da mucha nostalgia ver cómo desapareció esta playa que era tan acogedora. Ya no queda nada”, dijo Julio Medina, turista de Bucaramanga, mientras volvía a guardar sus cosas sin haberlas usado. Como él, decenas más.

Algunos intentaban quedarse. Buscaban un espacio mínimo. Pero el agua lo ocupaba todo. No había lugar. No había opción. La decisión era rápida: devolverse.

El golpe en seco a los que viven de esto

Del otro lado estaban ellos. Los que no se podían ir. Carperos, vendedores, cocineras. Gente que llegó temprano, como siempre, esperando un buen puente. Un respiro económico. Una oportunidad.

Pero el día se volvió espera.

Estoy muy desesperada. Así como llega la gente, se va”, dice Ornidea Flórez, con la mirada clavada en un grupo de 15 turistas que se retira sin siquiera preguntar.

No hay discusión. No hay negociación posible. No es un tema de precios ni de servicio. Es que no hay playa que ofrecer.

“Les decimos que los ubicamos en algún lugarcito, que los atendemos bien… pero no aceptan. Se van. Y eso duele”, agrega.

A pocos metros, las carpas de don Tomás están de pie, pero inútiles. El agua las rodea. El espacio desapareció.

Treinta años trabajando en ese mismo lugar, reducidos a nada en semanas.

No sé qué voy a hacer ahora”, dice.

Y no es una frase al aire. Es una realidad.

Un balneario que desapareció en semanas

Lo que ocurrió en Cabo Tortuga no fue progresivo a los ojos de quienes viven del día a día. Fue abrupto.

Desde el frente frío de febrero, el mar comenzó a avanzar con más fuerza de lo habitual. Pero nadie imaginó que se lo llevaría todo. La línea de playa desapareció.

Donde antes había arena amplia, hoy hay agua pegando contra estructuras improvisadas. El espacio turístico dejó de existir. Y el puente festivo terminó de confirmarlo: ya no es un lugar viable ni para el turista, ni para el comerciante.

Una crisis que apenas comienza

Lo que pasó este fin de semana no fue un episodio aislado. Fue una señal. Cabo Tortuga quedó fuera del mapa turístico de Santa Marta en cuestión de días. Y con él, el sustento de al menos 50 familias. Pero la preocupación va más allá.

En el sur de la ciudad, desde El Rodadero hasta Pozos Colorados, la erosión sigue avanzando. Lo de Cabo Tortuga podría repetirse.

Ya hubo intentos de frenar el problema. Se declararon emergencias, se iniciaron obras. Pero quedaron a medio camino. Sin licencias, sin continuidad y mientras los trámites se detenían, el mar no.

El puente que dejó al descubierto la verdad

Este puente festivo no fue de descanso ni de turismo. Fue el momento en que la realidad quedó expuesta sin filtros.

La gente llegó. Vio. Y se fue.

Sin playa, no hay turismo. Sin turismo, no hay ingresos y sin ingresos, la crisis deja de ser advertencia y se vuelve urgencia.

Cabo Tortuga ya no es un balneario, es un punto vacío en el mapa. Un lugar donde el mar avanzó más rápido que las soluciones.

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Y donde decenas de familias hoy miran el mismo horizonte, pero ya no ven futuro.


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