Asesinan a subteniente mientras celebraba con su familia: su hijo de 11 años resultó herido en el ataque


El oficial fue asesinado mientras disfrutaba de sus vacaciones navideñas junto a su familia. Su hijo de 11 años resultó herido y actualmente se encuentra bajo supervisión médica.

La Navidad terminó a tiros para la familia del subteniente Yair Fabián Prato Castro. La alegría duró lo que tarda un sicario en apretar un gatillo. Estaba de vacaciones, lejos del uniforme, disfrutando lo poco que la Policía le deja a sus hombres: tiempo con su esposa y con su hijo de 11 años. Había risas, juegos, planes simples. Nada extraordinario. Nada que justificara la muerte. Pero en Colombia, eso no importa.

Cuando se disponía a irse en su Kia blanco, en plena autopista principal de Los Patios, a la altura de la avenida 10 con calle 36, frente al antiguo gas Rosario, en Cúcuta, el carro se convirtió en una trampa mortal. Hombres armados se acercaron sin titubeos y descargaron sus armas. No hubo advertencia. No hubo oportunidad. Solo plomo.

Los disparos rompieron la noche, el vidrio, los gritos y la vida. Prato Castro cayó gravemente herido dentro del vehículo mientras su familia miraba sin poder hacer nada. Sangraba frente a ellos. Se estaba muriendo ahí mismo, en un semáforo, bajo luces navideñas.

La barbarie no se detuvo ahí. Una bala alcanzó a su hijo. Un niño. Un menor que terminó herido en una escena que lo va a perseguir el resto de su vida. Hoy está estable, dicen los médicos. Pero nadie cura una noche así.

Prato Castro fue llevado de urgencia a la clínica Los Leones. Llegó vivo, pero no lo suficiente. Los médicos hicieron lo que pudieron. La violencia hizo lo suyo: lo mató.

Horas antes había jugado un partido de fútbol en la cancha del barrio 11 de Noviembre, en Los Patios. Corrió, sudó, rió. No sabía que estaba jugando su último partido. No sabía que esa sería su despedida.

Las autoridades repiten el libreto de siempre: no hay amenazas previas, no se conocen móviles, no hay capturas. Nada. Absolutamente nada. Solo un policía muerto, un niño herido y una familia destruida.

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En Los Patios queda el miedo. En la Policía, la indignación. Y en el país, otra historia que se suma a la larga lista de asesinatos que ocurren sin explicación y sin castigo.
La Navidad pasó. El subteniente no. Y la justicia, como casi siempre, tampoco apareció.


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